Hay escapadas que se improvisan. Y hay otras que llevan años deseándolas sin que nos demos cuenta.
Dentro de poco nos vamos tres días a Atenas juntos con la "familia rondallera" Y no es un destino cualquiera!!

Es, de alguna manera, la tierra de tantas melodías que han acompañado a la Rondalla durante cincuenta años. La música griega ha sonado tantas veces en casa, en ensayos, en conciertos… que ahora siento que vamos a caminar por el escenario original de esas canciones.
Estoy preparando el viaje como me gusta: con libreta, lápiz y papel blanco. Anotando calles, templos, barrios, pequeñas historias que quiero descubrir. Me ilusiona esa parte casi artesanal del viaje, ese ritual previo que siempre hago y que ya es una forma de empezar a estar allí.
Imagino la Acrópolis al atardecer. Imagino perderme por el barrio de Plaka. Imagino escuchar música en alguna taberna y pensar: “Esto lo han tocado tantas veces mi Rondalla querida”. Y sobre todo, imagino compartirlo con él, con el músico que ha llevado Grecia en las manos durante tantos años.
No vamos solos del todo, los más jóvenes “rondalleros” nos ayudarán con lo que haga falta: aplicaciones, billetes digitales, mapas que ya no se doblan… Nosotros ponemos la emoción pausada; ellos la agilidad tecnológica. Y me gusta ese equilibrio. También eso es Mediterráneo: generaciones que se acompañan.
Será solo una escapada de tres días. Pero para mí tiene algo de celebración silenciosa. Como si este viaje fuera una manera de agradecerle a la música todo lo que nos ha regalado.
A la vuelta quiero sentarme con calma y escribirlo todo: las emociones inesperadas, las pequeñas anécdotas, las risas, quizá algún despiste, seguro alguna sorpresa. Ojalá tenga mucho material. Será señal de que lo hemos vivido intensamente.
Porque al final, viajar también es eso: volver con historias que contar… y con el corazón un poco más lleno.
Atenas nos espera. Y yo ya empiezo a escucharla.


