dijous, 19 de juliol de 2018

BIENVENIDO A LAS REPÚBLICAS BÁLTICAS







Si recuerdo mi época de estudiante, Lituania, Letonia y Estonia formaban parte de la fachada báltica de la antigua Unión Soviética y nos imaginábamos estas tierras como perdidas, lejanas, frías y olvidadas. Los tres países fueron soberanos entre 1918 y 1940, año en que habían sido anexionados por la Unión Soviética tras un período de ocupación alemana entre 1941 y 1945. 

Crecí pensando que estos lugares jamás estarían al alcance de mi vida viajera. Llegó 1991 y estos territorios consiguieron la independencia tras la Revolución Cantada.



Han pasado más de venticinco años, pero las Repúblicas Bálticas son aún un pedazo de Europa desconocido para una mayoría y es una lástima porque sus capitales cuentan con los centros históricos mejor conservados del continente. Pero más allá de la belleza de sus capitales el resto de la región tiene paisajes idílicos bañados por las aguas gélidas del mar Báltico, parques nacionales interiores y pequeñas poblaciones donde parece que el tiempo se ha detenido.







En su etapa dentro de la Unión Soviética se conocía al conjunto de las tres repúblicas como "Pribaltika", término un tanto despectivo en ruso, ya que quiere decir "territorios bálticos". Los habitantes de los tres países preferían el término "Baltiya". 

Al estar situados en una misma zona geográfica puede dar la impresión que son parecidos en idioma, historia, religión, cultura ... y que siempre han tenido el mismo destino. Nada más lejos de la realidad, son completamente diferentes.



Estos países tienen la ventaja que pueden recorrerse fácilmente gracias a su pequeño tamaño, al buen transporte público y a la comodidad de alquilar coche. Cada viajero busca los lugares apetecibles según sus intereses.




Podéis conocer un trocito de estas Repúblicas a través de los apuntes de Jubileta y las imágenes de Joseph, su compañero de viaje durante cuarenta y seis años. Recorrimos durante quince días estos países en busca de gente corriente de otras culturas, monumentos históricos, rincones con encanto, gastronomía diferente …, en fin, todo lo que busca un viajero.



Nuestro viaje comenzó en el aeropuerto de Vilnius y terminó en el de Tallinn. Recorrimos en coche las tres repúblicas dedicando nuestra atención a:




Vilnius, la capital 
Trakai 
Colina de las Cruces





Castillo Rundale
Costa de Jurmala
Riga, la capital
La suiza letona












Tallinn, su capital






diumenge, 15 de juliol de 2018

DOS DÍAS EN VILNIUS



Nuestro recorrido por las Repúblicas Bálticas empezó aterrizando en Vilna, (Vilnius, capital de Lituania) donde estuvimos dos días visitando lo más importante de la ciudad para luego, en coche, seguir ruta.
Como siempre hacemos, comenzamos la visita paseando por el centro histórico. Es uno de los más antiguos de Europa y, como la ciudad es muy opaca, puede recorrerse a pie tranquilamente. Posee un impresionante conjunto de edificios renacentistas, góticos, barrocos y neoclásicos. Su trazado medieval, atravesado por el río Neris, está muy bien conservado y tiene un paisaje natural circundante que han cuidado mucho a lo largo de su historia.




Primer día : LABAS RYTAS , Casco Antiguo (¡ Buenos días !),


Accedimos por la Puerta del Alba o Puerta de la Aurora, uno de los antiguos accesos que tenía la ciudad fortificada del siglo XVI y que da inicio a la columna vertebral del casco antiguo que es, a su vez, su zona más animada. Era una de las diez puertas que se abrían a las murallas que circundaban la antigua Vilnius. Sobre la puerta se encuentra la Capilla de María Bendecida, uno de los lugares de peregrinación más importantes del Este de Europa, venerada por igual por ortodoxos y católicos ; es una pintura a la que se atribuyen milagros.




A continuación, en esta misma calle que nos lleva a la Plaza del Ayuntamiento, nos dimos cuenta que lo que no le falta a Vilnius son iglesias: Ortodoxa del Espiritu Santo, Católica de Santa Teresa y la de San Casamiro. Hay que saber que San Casimiro es el santo patrón de Polonia y de Lituania.







Dicen que Lituania es la reserva espiritual a uno y otro lado del Báltico.


La Plaza del Ayuntamiento sirvió de mercado y ahora es centro de la vida pública. El edificio municipal tiene un atrevido pórtico de diseño clásico que parece un viejo templo griego, con su frontón triangular, sus frisos y sus seis columnas.
Desde allí pasamos a la calle Pilies, una de las más antiguas de la ciudad, ahora muy concurrida por turistas, llena de bares y restaurantes con terraza, gente tomando un café o una cerveza y gente disfrutando del paisaje. Desde allí se divisa la imagen del Castillo Superior y es un lugar fotogénico.



El paseo resulta muy agradable, la ciudad está muy cuidada. Hacemos un alto para visitar el conjunto que forman la Universidad, el Palacio Presidencial y la Iglesia de San Juan.
El conjunto universitario tiene unos 550 años y posee 13 patios y numerosos edificios.Me gustó mucho la Librería Littera por su hermosa decoración de frescos que caricaturizan a profesores y estudiantes. En el extremo sur del campus se alza la fachada y campanario independiente de la Iglesia de San Juan; ésta es la construcción más elevada del casco antiguo y tiene ascensor para subir y contemplar las vistas.
Detrás está el Palacio Presidencial que no visitamos.





La lluvia hizo su aparición cuando llegábamos a la Plaza de la Catedral. La imagen que allí te encuentras es una de las más reproducidas en folletos, postales y guías de viaje. En el extremo oeste se alza majestuoso el Campanario de la Catedral que formaba parte de las fortificaciones medievales. Al lado la Catedral de moderno estilo clasicista francés. En el extremo este la estatua del gran duque Gediminas y en el centro una baldosa con la inscripción "stebuklas" (milagro) que según los lugareños si se dan tres vueltas en torno a ella, se cumplen los deseos.







Damos buena nota a nuestro primer contacto con la cocina lituana en un restaurante de la calle Stikliu, "El Lokys", recomendable si no eres exigente.



Regresamos a la Plaza de la Catedral para poder fotografiarla sin lluvia, con ese color grisoso que da el suelo mojado y el cielo plomizo. Desde allí subimos hasta los restos del Castillo que se alzaba en un pequeño montículo y que dominaba la ciudad.
Lo cierto es que lo único que queda de aquel castillo es la Torre de Gediminas, muy restaurada. Las vistas desde lo alto con toda la ciudad vieja a nuestros pies son muy bonitas.




Hay tantas iglesias que ver en esta capital que tendrías que dedicar mucho tiempo a visitarlas, pero la llamada de Santa Ana no podíamos dejarla de lado por la fama de originalidad que tiene. Dicen que es el templo más bonito de la ciudad; yo mejor diría el que tiene el diseño más curioso y muy diferente al resto. Es de rito católico, de finales del siglo XV y construido con 33 estilos diferentes de ladrillo de arcilla roja y que parece fuera de lugar en la barroca Vilnius. Como curiosidad hay que decir que fue utilizada por los soldados de Napoleón como barracón durante su marcha hacia Moscú.



De regreso a nuestro alojamiento caminamos durante dos kilómetros por una señorial avenida, Gedimio Prospektas, la más importante de Vilnius que recorre el corazón comercial y termina en un puente que cruza el río Neris.




Segundo día : LABA DIENA !!!! (¡ Buenas tardes !),


Después de todo el recorrido que hicimos el día anterior y los templos monumentales que vimos, entendí el porqué Vilnius es conocida como “la ciudad de la iglesias”. Pero Vilnius tiene otros espacios interesantes que descubrir, por ejemplo el barrio de Uzupis, autodenominado República Independiente de Uzupis.
Su nombre significa "más allá del río" y es un distrito pequeño, fácil de recorrer a pie, y varias señales de "república" se pueden ver cuando paseas por sus calles.
Después de que Lituania se independizó de la URSS en 1991, los artistas que habían sido sofocados bajo el régimen soviético aprovecharon los alquileres de Uzupis y comenzaron a hacer del distrito su hogar. Se estaba creando una comunidad de artistas con espíritu libre.
El barrio fue rehabilitado y actualmente es uno de los lugares de más agradable paseo.
El suburbio se declaró independiente de Lituania en 1997. Una declaración, desde luego, únicamente festiva que, sin embargo, sigue celebrándose cada 1 de abril. Uzupis sigue siendo un lugar frecuentado por artistas
El acceso al barrio cuando te acercas viniendo del casco antiguo es un puente lleno de candados que te mete en otra dimensión. Los cerrojos que vimos colgados en otros puentes de Europa tienen aquí nombre propio y están marcados por los enamorados que se juran amor eterno.







Pero este puente era en realidad una frontera, aunque sin control de pasaportes, para un "país" dentro de un país: la peculiar, creativa y autoproclamada República de Uzupis.
Con los años el lugar ha mejorado hasta convertirse en un barrio de moda, donde visitar lo último en galerías de arte.


El segundo contacto con la gastronomía lituana lo tuvimos en "Belgai"






Un amigo judío me dijo que Vilnius fue uno de los faros principales de la cultura hebrea hasta que llegaron los nazis en julio de 1941 y crearon dos guetos en los que vivían miles de personas privadas de libertad. En setiembre de aquel año comenzaron los asesinatos junto al lugar donde se encuentra la Iglesia de Santa Ana. Me acordé de ello al visitarla. Actualmente apenas encontramos un cartel conmemorativo en el lugar que estaba la antigua sinagoga, en la calle Zydu. Más tarde nos dijeron que el memorial del Campo de Trabajo HKP 562 se encuentra alejado del centro y no lo visitamos. Donde sí estuvimos es en la Sinagoga Coral (1903), el único templo que se conserva activo y que sobrevivió al holocaustro y a los soviéticos.






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