dilluns, 3 de juny de 2019

ESLOVENIA LO TIENE TODO




Eslovenia es un país acogedor y asombroso, con el verde de la naturaleza como bandera porque más de la mitad del territorio está lleno de bosques, lagos, cumbres alpinas, cascadas, regiones vinícolas, cuevas y parques naturales protegidos en su mayoría.
Descubrimos también ciudades venecianas, pueblos medievales, playas, castillos y gente encantadora. 
Eslovenia lo tiene todo, incluso el amor (love) en su nombre.
Aunque parezca mentira, en Eslovenia es posible, en un día, almorzar a la sombra de los montes alpinos, comer en la capital al mediodía, pasear entre viñedos por la tarde y cenar después a orillas del mar en un ambiente mediterráneo.
Es un país pequeño con tan solo 20.273 km² de extensión. Para que os hagáis  una idea, más pequeño que Galicia.




Nuestro periplo por los países balcánicos había empezado en el norte de la península de Istria y fue allí donde descubrimos un trozo de este hermoso país llamado Eslovenia.

Habíamos entrado con nuestra furgo por la localidad italiana de Trieste y, nada más cruzar a territorio esloveno, compramos la viñeta de peaje que venden en las gasolineras, imprescindible para que no os multen Hay que pegarla en el cristal del coche.


En los 47 kilómetros de litoral que posee el país, todos los lugares compiten en  belleza de arquitectura gótica-veneciana. Y es que la influencia italiana es muy fuerte en este rincón del mapa.
El primer contacto con esta costa eslovena lo tuvimos en un bonito lugar que hacía presagiar lo que encontraríamos más adelante.
Paramos en Izola que tiene estrechas y sinuosas callejuelas e “indiscretas” casas adosadas que consiguen “aislar” en la cima la enorme Iglesia de San Mauro.
La siguiente localidad que visitamos fue Piran que, de los pocos pueblos costeros eslovenos, fue el que se llevó todos nuestros aplausos.
Nos encantó su pequeño centro histórico con mayoría de casas gótico-venecianas, sus playas cristalinas y el ambiente marinero que se respira. 
Y siguiendo la costa istria nos adentrarnos de lleno en Croacia.



La viñeta en el cristal de “Carmela”, mi furgo, nos recordaba que teníamos una cita pendiente con la amorosa Eslovenia. Esta cita la habíamos dejado para la vuelta.



Después de muchos días de recorrido por tierras balcánicas, llegó el momento de visitar Eslovenia, lo de su costa al inicio del viaje  fue un delicioso bocadito.

Y lo hicimos; esta vez directos de capital a capital; de Zagreb a     LJUBLIJANA.




LJUBLJANA, " DOBER DAN "



Siempre se ha dicho que las capitales de Europa guardan pocos secretos, pero Ljubljana es como una perla escondida. Para nosotros ¡un gran descubrimiento!
Es una ciudad pequeña, sólo tiene 300.000 habitantes. Es una ciudad romántica, su nombre viene de Luba que significa “amada” en lengua eslava. Es una ciudad cómoda para recorrerla a pie.
Viajando en coche se accede muy fácilmente al centro porque el tráfico denso brilla por su ausencia y puedes dejar el coche en algún parking cerca del centro.
Liubliana vive en torno al río y a sus cinco puentes: Tres puentes, el Puente de los Zapateros y el Puente de los Dragones. El río Ljubljanica es conocido por “el río del amor”. 




¿Qué nos dice su pasado histórico?

Esta vez no haré una pincelada  de la historia de la ciudad sino que contaré una leyenda que está muy presente en muchos lugares.

La leyenda cuenta que el fundador de la ciudad fue un príncipe griego llamado Jasón que junto a sus amigos los Argonautas, y, huyendo del rey Aetes, navegaron por el mar Negro.  Llegaron hasta el río Danubio y de allí pasaron al río Ljubljanica. Fue allí donde encontró un feroz dragón al que combatió y venció. Este dragón se ha convertido en el emblema de la ciudad.
Podemos encontrarlo en la Torre del Castillo y en su escudo de armas. También se puede ver en uno de los puentes del río, el de Los Dragones. También se dice que esos dragones mueven la cola cada vez que una virgen lo atraviesa.




¿Qué ver en Ljubljana?


Ojeando relatos de viajeros había leído que las partes más importantes de la ciudad pueden visitarse en un día haciendo el recorrido a pie. Pero nosotros, “un par de jubiletos” nos quedamos tres días.
Los propios eslovenos dicen que es una “pequeña ciudad con las facilidades de una gran metrópoli”. 
Hay quien afirma que Ljubljana es la “hija pequeña de París y Viena”.  A nosotros nos recordó a Barcelona, pero en pequeño.

Nuestro deambular cuando llegamos de visita a una ciudad, empieza siempre por el centro histórico (Strare Miastro). Definiendo el de esta ciudad diría que es un precioso laberinto de calles y plazas adoquinadas, rodeadas de edificios de tonos pastel, barrocos y art noveau. Curiosamente también mezcla elementos modernos, como el rascacielos Neboticnik (rascacielos en esloveno), de 70 metros de altura.




Primera jornada en el corazón de la ciudad

Empezamos en el corazón de la ciudad, la plaza Preseren. Allí encontramos varios de los monumentos de la ciudad: la estatua del poeta Frances Preseren, que da nombre a la plaza; el Triple Puente, la fachada de las Galerías Emporium y la Iglesia Barroca de la Anunciación. Es allí, también, donde se encuentra la oficina de turismo que es el punto de partida de los tours que recorren la ciudad.
Quedamos impresionados por el llamativo color rosado pastel de la Iglesia Franciscana de la Anunciación, tan propio de las construcciones barrocas y que tanto juego y colorido  dan a la ciudad. Construida en el s XVII,  lo más interesante de la visita es el monasterio del s XIII que se encuentra al lado; tiene una biblioteca con más de 70.000 libros. 






Todo el lugar está lleno de cafeterías y de música en directo que dan vida al casco antiguo.


Al otro lado de la plaza aparece la espectacular entrada al casco antiguo: el Puente Triple (Tromostovje). Este puente conecta el centro medieval con la zona más moderna, siendo una de las postales más típicas de la ciudad. Diseñado por el arquitecto Plecnik fue construido sobre un puente de madera más antiguo, pero de mucha importancia porque unía las tierras del noroeste de Europa con el sur.
Este puente como su nombre  indica, es en realidad tres puentes en uno. Dos de ellos son utilizados por los peatones y el del medio está destinado a los vehículos.


Desde este lugar nos acercamos al Mercado Central, que se encuentra repartido en tres espacios diferentes: la fruta y la verdura se venden a cielo abierto en la plaza Vodnik, bajo los soportales los carniceros y en la planta baja están las paradas de panes, quesos y mieles. Es el mejor lugar para tomar el pulso de la ciudad.
El edificio del mercado termina encontrándose con otro puente bonito y muy famoso: Puente del Dragón construido en 1901 con hierro y hormigón. Cuatro dragones de bronce vigilan las esquinas del puente.
Nos adentramos en el puente mirando para todos lados, era todo tan bonito que uno no sabía ni dónde mirar, nuestra Nikon temblaba. Vistas increíbles del rio y sus otros puentes, de la plaza Preseren por un lado y de la Plaza Municipal ó Trg Mestri con su fuente de los tres ríos al otro y con el castillo de telonero al fondo. Imagen que se quedaba marcada en la retina.





Pasamos tranquilamente a la Plaza Mestri, donde pudimos fotografiar el edificio del Ayuntamiento construido en 1718, de estilo gótico. Dicen que en su interior se puede visitar el vestíbulo con el escudo de armas de la ciudad y una antigua estatua de Hércules; nosotros no entramos. 
Y es en esta plaza donde te recibe la citada anteriormente Fuente de los Tres Ríos que representa a los tres ríos de Carniola: Ljubljanica, Sava y Krka, y en medio de la cual se levanta un obelisco de diez metros de alto.



En este espacio urbano se encuentra la Catedral de San Nicolás, reconocible por su cúpula de color verde y las dos torres gemelas que se levantan hasta el cielo.
Tras visitarla lo ideal es dejarse llevar e ir encontrando rincones bonitos de la ciudad. Callejeamos por las callejuelas y nos paramos delante de los escaparates de los muchos comercios que ofrecen objetos de diseño.
Y siguiendo el curso del río otro curioso puente en el que además de los ya típicos candados que dejan los enamorados, se encuentran varias figuras de hombres casi devorados y que representan a aquellos que, incumpliendo las normas, comieron carne en viernes santo.
La jornada había dado para mucho, mañana volveríamos porque estos lugares tan hermosos siempre están en postureo esperando a turistas que los contemplen.







Segunda jornada


Dominando  y protegiendo Liubliana, desde lo alto de la colina de Grad, se levanta el imponente Castillo de Ljubljana, visible casi desde cualquier punto de la ciudad.
Su origen data de principios del siglo XII (entre 1112 y 1125), aunque su construcción como baluarte es bastante anterior, aproximadamente de mediados del siglo IX. A partir del año 1335 el castillo de Ljubljana pasa a manos de la familia Habsburgo, y se emprende una considerable ampliación. En la actualidad sirve fundamentalmente como centro de exposiciones y museo.
Pero lo mejor del Castillo son sin duda las vistas que desde él se tienen del conjunto completo de la ciudad.

Para acceder a él, se puede hacer de varias formas: en coche, porque existe un parking en la explanada junto al castillo, andando unos 15-20 minutos a través de una empinada zona boscosa o en el funicular que sale junto a la plaza del mercado.
Horarios: Entre el 1 de Octubre y el 30 de Abril abre de 10:00 a 21:00, entre el 1 de Mayo y el 30 de Septiembre abre de 9:00 a 22:00.
Precios: 8 Euros para los adultos, 5 Euros para aquellos entre los 7 y los 12 años y estudiantes, 21 Euros para familias (dos adultos y al menos un niño).


Después de tanta piedra y tanta historia mis piernas de jubileta necesitaban un ratito de relax y disfrutar de la ciudad desde una perspectiva tranquila y reposada.  Así que nos subimos a uno de esos barcos que navegan por el cauce del río Ljubljanica.



Durante el trayecto pasamos por los famosos puentes (Tres puentes, el Puente Carnicero y el Puente de los Dragones) 
Finalmente por el Puente de los Zapateros, el menos conocido por los turistas, pero ubicado en una de las zonas más “modernas” de la ciudad, aquí el arte rezuma por las calles, en muchos casos movimientos alternativos que transforman en arte sus reivindicaciones.

La visita de la ciudad a través de su rio dura aproximadamente una hora, y el precio ronda los doce euros.

Mientras navegábamos percibimos el gran y variado ambiente que existe en las numerosas terrazas de la ciudad. Luego, al bajar, tuvimos tiempo de tomar una de sus famosas pivo (cerveza) antes de la cena.
De regreso al hotel volvimos a pasar por la plaza Prešeren y girando hacia la calle Miklošičeva admiramos la colorida fachada del edificio del Banco Cooperativo de Negocios (Zadružna gospodarska banka), otra joya del Art Nouveau.







Tercera jornada


A estas alturas de la visita a Ljubljana había que mirar arriba y decidir. ¿ Cielo amenazador de lluvia ?  Museos. ¿ Cielo despejado ? Parques,  jardines y compras que siempre nos gusta hacer.

Nuestros pasos se dirigieron al Parque Tivoli que está situado a las afueras del centro histórico. 
Con casi 5 kilómetros cuadrados de superficie,  es el más grande de la ciudad y se halla a las afueras del centro histórico. Creado en 1813 y reformado en el siglo XX, es un enorme enclave para pasear y disfrutar. Cuenta con jardines, estatuas, fuentes y un estanque, además del Castillo Tívoli, la Mansión Cekin con el Museo Nacional de Historia Contemporánea, y un jardín botánico.

De vuelta al centro histórico paseamos por las calles que están llenas  de tiendas pintorescas, tradicionales, mercadillos de antigüedades, artesanías, encajes,… 





Al día siguiente, rumbo al norte,  hacia la regió de l'Alta Carniola, junto al LAGO BLED, sólo pudimos susurrar:
Nasvidenje!, Ljubljana !


Este relato lo he hecho pensando en nuestro amigo esloveno Marko Beovič que lo recordamos con mucho cariño. Este encaje en forma de corazón lo compramos en Ljubljana y lo tengo colgado entre los recuerdos más queridos.







dilluns, 20 de maig de 2019

SACA LA CÁMARA, ESTAMOS EN BLED





Bled es una postal, una de esas imágenes que encontramos en los calendarios y nos hacen pensar en lo bien que estaríamos en ese lugar, relajados y sin hacer nada, sólo contemplándolo y sin meditar. Es el paisaje perfecto. Una idílica estampa sacada de la tela del mejor pintor que os podáis imaginar.

La descripción de este paisaje sería: un lago - con un islote sobre el que se vislumbra un campanario de un monasterio- y encaramado en una rocosa pared, un precioso castillo medieval que sobresale por encima de un bosque que parece cuidarlo y protegerlo. A eso habría que añadir que, en días despejados, todo parece empequeñecido por las altas cumbres de los Alpes Julianos y el Karavanke (cordillera que separa Austria de Eslovenia).




Bled está a unos 55 km al norte de Ljubljana, la capital del país, en los Alpes Julianos, al noroeste de Eslovenia, a unos 475 metros de altitud sobre nivel del mar

El principal atractivo de Bled es su lago; tiene 2.120 m de largo, 1.380 m de ancho y 30 m de profundidad, y es consecuencia de la recesión del glaciar Bohinj. En invierno se congela y en verano sus playas de hierba permiten baños refrescantes.




Acceder al islote del lago es una de las prioridades de los viajeros que lo visitan. Se pueden alquilar botes de remo y piraguas, pero lo más deseado es acceder en unas barcas especiales de madera llamadas pletna. En estas barcazas pueden viajar unas diez personas, por ello hay que tener en cuenta que hasta que no se llenan, no circulan.

Al llegar al islote nos espera una majestuosa escalera de 99 peldaños, del siglo XVI, que da acceso a la Casa del Capellán, la Casa del Preboste y a la Iglesia de la Asunción.


Tradicionalmente los novios cargan a las novias mientras que permanecen en silencio. Con este acto se garantizan prosperidad y felicidad. La iglesia de la Asunción también tiene unas campanas que pueden ser volteadas por los viajeros. Este gesto es símbolo de buena suerte entre los habitantes de la zona. (La visita os llevará una media hora)


Cuando regresamos a la orilla, a Joseph se le ocurrió que debíamos dar la vuelta a todo el lago siguiendo la ribera. A mitad de camino creía ya que no terminaría el rodeo, pero no había marcha atrás. Después de dos horas a pie entre castaños y sauces de ribera llegué cansada, pero satisfecha de haberlo hecho.







Pasamos la noche en la Penzion Mlino, a orillas del lago, un lugar con encanto. Cenamos comida eslovena y probamos el postre estrella de esa zona, la Kremna Rezina (pastel de crema y hojaldre) junto a un café esloveno. Al acostarme, dentro de sábanas blancas, me sentía aquella Sissi Emperatriz de mis años jóvenes.



En casi todos los lugares nos entendían en inglés, incluso en algunos en italiano. Las gentes de Bled y de toda Eslovenia son muy hospitalarios y hacen todo lo posible por agradar a los viajeros que vienen a conocer su país. Me gustó el detalle de tener una cesta de manzanas en el mostrador de recepción del alojamiento y que pudieras coger una cada vez que pasabas.







A las 8 de la mañana del día siguiente entrábamos en el Castillo de Bled. Se puede llegar hasta el aparcamiento con vehículo propio o hacer una caminata de unos 15-20 minutos desde el pueblo. 

El Castillo es el más antiguo de todos los castillos eslovenos (en 2011 cumplió 1.000 años). Construido sobre una roca a 130 m, esta fortaleza se levanta imponente sobre el lago. ¡Imaginad las vistas !

La parte más antigua es la torre románica; posteriormente, al final de la edad media, se construyeron más torres y se mejoraron las fortificaciones. Los edificios históricos se distribuyen en torno a dos patios conectados por una escalinata.

Este lugar actualmente tiene vida, porque alberga un museo –que guarda una imprenta manual tradicional, la herrería y la bodega–, un restaurante y, en los meses estivales, se hacen visitas teatralizadas y otras actividades. 





A un kilómetro de allí se encuentra la remota ermita de Santa Catalina, casi tan antigua como el castillo de Bled. El lugar donde está situada es muy hermoso porque está rodeado de montañas. Es una bonita excursión desde Bled, porque el camino hasta ella es bello y entretenido.

Otros lugares más que recomendables aprovechando la visita a Bled son la de su lago gemelo Bohinj, que no está muy lejos, la escalada hasta el Triglav para disfrutar de sus lagos de colores, o la visita al río esmeralda Soca que os puede fascinar. (Nosotros no lo hicimos)

Los amantes de la naturaleza y el senderismo deben visitar el Centro de información Triglavska, cerca de Bled, donde se puede obtener información sobre los caminos de montaña más bonitos que discurren por los Alpes Julianos, incluido todo el Parque Nacional de Triglav. 













dimecres, 8 de maig de 2019

LA RIBEIRA SACRA, UN LUGAR A DESCUBRIR


Terrazas de vides sobre el río Miño (los socalcos)


Conversando de rutas viajeras con un paisano de Orense cuando hicimos el Camino de Santiago, nos comentaba que pocos viajeros se atreven a visitar la zona de Ribeira Sacra. La mayoría de las veces es porque no han oído hablar de ella y otras porque no saben bien qué encontrarán allí. Terminó diciéndonos que:   “Mejor, porque así nos la guardamos para nosotros” 


Este comentario lo guardé en mi libreta viajera y fue al volver, cuando busqué información. 



“Se trata de un pequeño paraíso escondido en el interior de Galicia, uno de esos lugares auténticos que no podemos dejar de conocer y que cada vez es más visitado por los amantes de la naturaleza, del senderismo, de pueblos pequeños, del arte románico y del buen vino” 

Era la ruta ideal para dos “jubiletos” y su furgoneta, pero en un momento adecuado. Y el momento adecuado llegó. Los más de mil kilómetros que separan Barcelona de Orense los hicimos en dos etapas, descansando dos días en Palencia ciudad que no conocíamos. 

Escogimos como punto de partida la ciudad lucense de Monforte de Lemos que es la puerta de entrada a la Ribeira Sacra y su situación central permite programar ruta de una manera cómoda y equilibrada. 

Monforte fue, en la época medieval, un ejemplo de ciudad-fortaleza feudal, alrededor de un monasterio y con un castillo situado en un punto estratégico del Monte de San Vicente. 


Tejas antiguas desgastadas por el paso del tiempo



¿Qué nos dice Ribeira Sacra? 

Nos dice que no hay un acuerdo unánime del origen de su nombre. Ribeira vendría de lugar entre ríos, o sea, ribera; y Sacra de la cantidad de monasterios que hay en la zona. El término en latín sería Rivoira Sacrata. 
Pero Ribeira deriva de Rovoyra, que hace referencia a los muchos robledales de la zona. 


Nos dice también que, históricamente hablando, la primera vez que se mencionaba la Ribeira Sacra salìa en un documento firmado por la reina Teresa de Portugal donde autorizaba la construcción de un nuevo monasterio (hoy en día monasterio de Sta. María de Montederramo) en la “Rivoyra Sacrata”. Este documento está fechado en agosto de 1124. 

Nos dice, asimismo, que fue el lugar donde se retiraban monjes y eremitas para entregarse a una vida mística alejada del mundo. Por eso se pueden encontrar en pocos kilómetros a la redonda tantos y tan hermosos monasterios de la Edad Media. 

Y nos dice, de igual manera, que Ribeira Sacra está formada por un conjunto de veintiún municipios del sur de la provincia de Lugo y el norte de la provincia de Ourense, con el curso fluvial de los ríos Miño, Sil y Cabe como elemento de unión. 

¿Qué vimos en Ribeira Sacra en tres jornadas? 

Primera jornada: Ruta de la Ribera do Miño 


Comenzamos nuestra ruta hacia la ribera del Miño por la vieja carretera N-120 (ojo, no confundir con la nueva) hasta la localidad de Ferreira de Pantón, donde encontramos el Monasterio de las Madres Bernardas. Está situado en las afueras del pueblo y cuenta con la peculiaridad de ser el único ocupado por mujeres en toda Galicia.
Nunca dos euros que pagamos por la entrada dieron tanto de sí. Visitamos la iglesia, el claustro y la portería, donde compramos almendrados artesanos elaborados por las propias religiosas.


Muchas veces la necesidad de descansar nos hace sentar delante de retablos llenos de santos e historias bíblicas. Entonces, el silencio del templo da paso a una vibración interna que también podríamos llamar meditación espontánea. Luego sientes la energía viva que está presente en esos lugares mágicos.



Monasterio de las Madres Bernardas

Monasterio de las Madres Bernardas

Siguiendo camino hacia el norte, nuestro próximo objetivo fue San Miguel de Eiré, pequeña iglesia en la aldea de Eiré, uno de los mejores ejemplos que nos encontraremos de escultura gallega del siglo XII. Desde lejos sorprende por su torre fortificada, de aire castellano y porque se encuentra sola, sin edificios anexos, lo que la hace más hermosa y reconocible desde la carretera general. 

San Miguel de Eiré

San Miguel de Eiré

Me encantó la sencillez de esta puerta en San Miguel de Eiré

Lo que más me gustó fue la puerta norte porque tiene un arco de medio punto pequeño decorado con rosetas, que nunca había visto. Si me pidieran escoger qué monumento me gustó más de toda la zona escogería este sin dudar. 

Ya de nuevo en ruta disfrutamos de buenos paisajes a lo largo de la orilla este del río, a través de carreteras locales en las que es necesario un buen mapa de gran escala y un buen GPS ante la falta de señalización adecuada y la confusión con los nombres de aldeas y parroquias. 




Dirección a Diomondi, nos desviamos hasta alcanzar la orilla del Miño en A Coba, preciosa aldea donde se encuentra el mirador O Cabo do Mundo. 


Mirador O Cabo do Mundo
En este mirador estábamos ante la imagen tantas veces reproducida en promoción turística de la zona.   ¡Espectacular!     Es una península que obliga al río a hacer un cerrado meandro en medio de una vegetación exuberante de castaños, arces y eucaliptos. Es la foto más buscada de la ruta. 

Bodegas de la Familia Moure
Si os gusta el tema del enoturismo se pueden visitar en este lugar las Bodegas de la familia Moure que desde hace muchos años lleva sacando el mayor partido al suelo arcilloso de los sacros bancales de sus viñedos. Nosotros dimos un paseo por los imponentes paisajes que la rodean comentando lo afortunados que nos sentimos de haber cumplido un sueño: elaborar nuestro propio vino, Yermos de Olduba.

Llegamos a Diomondi, a unos diez kilómetros remontando el Miño por la misma orilla. Fotografiamos otra iglesia, ésta de mayor tamaño y alejada del casco del pueblo: San Paio de Diomondi, y no paramos hasta llegar a las compuertas del embalse de Belesar. 

San Paio de Dimondi

Muy cerca, a la izquierda, se encuentra el desvío hacia la iglesia de Santo Estevo de Ribas de Miño.
A estas alturas del día estábamos un poco cansados de tanta belleza histórica y decidimos embriagarnos en otra belleza, la del hermoso paisaje que nos rodeaba. Entramos en la aldea de Belesar porque en su entorno se cultivan los viñedos en terrazas, que darán lugar a los ricos vinos de esta comarca. 

Desde Belesar se puede tomar el catamarán que recorre el embalse de Os Peares descendiendo por las aguas del río Miño. Esta excursión de ida y vuelta tiene una duración aproximada de dos horas. 

Antes de volver a Monforte visitamos Chantada para callejear un poco por su casco antiguo lleno de esos soportales tradicionales que tanto nos gustan. Nos fijamos en el tipo de vivienda tradicional con balcones y galerías de madera. 

Pero lo mejor fue probar una empanada de zamburiñas regada con un buen vino blanco Godello de la zona. 



Segunda jornada: Ruta de la Ribera do Sil 

Nuestra segunda jornada en Ribeira Sacra nos llevó a caminar entre socalcos, que es como se llaman las terrazas o pequeñas bancadas plantadas de vides que adornan las orillas soleadas de los cañones. 

El olor a vid, el silencio de las viñas y el cambiante colorido de las montañas abrirá nuestros sentidos para conocer la zona más vanguardista de Galicia. 

Circulamos por la carretera que une Monforte con Castro Caldelas, y que cruza la Ribeira Sacra por el Cañón del Sil. Por ella vas descendiendo el valle hasta la altura de las aguas del Sil. 

Mirador de Souto Chao o del Vendimiador
Cerca de Doade hay un mirador conocido como de Souto Chao o del Vendimiador, en honor a la gran escultura de granito que hay en lo alto del promontorio y que representa a un carreteiro llevando sobre la cabeza un capacho (cesta) con la preciada uva. 

En aquel silencio reflexionas y te das cuenta del esfuerzo humano por aprovechar al máximo estas tierras de las que salen los vinos comercializados con la denominación de origen “Ribeira Sacra”, siendo la variedad Mencía para los tintos, y la variedad Godello para los blancos.
Desde allí se tienen unas fantásticas vistas del Sil y sus cañones hacia el este y hacia el oeste. 

Variedad de uva Mencía

Variedad uva blanca Godello
Tras esta pausa nos dirigimos a Castro Caldelas buscando otro de los miradores naturales de toda esta zona. El pueblo domina una loma de estratégica localización sobre el trozo más encajado del Sil. Visitamos el Castillo y seguimos hasta acercarnos al famoso mirador de Los Balcones de Madrid. 


Los Balcones de Madrid
El nombre de Balcones de Madrid llama la atención. Se dice que en este lugar las mujeres se despedían de sus maridos, los “afiadores” y “barquilleiros” que marchaban a trabajar a la capital. Este fantástico observatorio de la maravilla geológica del valle del Sil, tiene una altitud de 600 metros (400 de desnivel) y divide Ourense de Lugo.

Castro Caldelas

Castro Caldelas

Castro Caldelas
En la entrada del próximo pueblo, Parada de Sil, hay un desvío a la izquierda que conduce al Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, dicen que de los más bonitos. No pudimos visitarlo por estar en obras. 


Mirador de Cabezoas
Unos kilómetros más adelante, encontramos dos o tres miradores más, el de La Columna y el de Cabezoas. 

¡Naturaleza pura! Sin palabras nos quedamos 

En el camino pasamos por delante del desvío al embarcadero de Santo Estevo (desde el que parte el catamarán que teníamos previsto para la tercera jornada) 
Y, después de 3,5 km, se divisa ya el hermoso e impresionante Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil. 
Su construcción actual data del s XII, pero su origen es del s X. La etapa de esplendor llegó cinco siglos después de su fundación cuando se retiraron allí nueve obispos. La huella de esta grandeza la tenemos en los tres claustros donde están sus tumbas. 

Aprovechamos y dimos un paseo por los jardines del monasterio buscando algún secreto del lugar. Lo cierto es que allí conviven elementos de todos los estilos: románico, gótico, renacentista y barroco, fruto de sucesivas modificaciones. 
Actualmente este monasterio pertenece a la red de Paradores de Turismo, pero se pueden visitar los tres claustros, la iglesia y un centro de interpretación del mismo que está en la planta baja.

Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil

Claustro del Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil


Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil


Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil

Visitamos también la cafetería del Parador para saborear un trozo de tarta de Santiago con un oloroso café expreso. 


Tercera jornada: Una ruta fluvial por el Sil 

Toda la zona tiene fama de ser invadida por una niebla muy familiar a la que los habitantes del lugar están acostumbrados.
Cuando empezó a romper el día, el sol no quería salir y esa niebla parecía el decorado predilecto de esta jornada. Tuvimos que esperar a las doce del mediodía para descubrir que el día estaba claro.
La mayoría de la gente dice que la niebla les penetra en el interior y les produce tristeza.
A mí no !  Durante mi niñez me gustaba mucho las mañanas de niebla del pueblo donde veraneábamos porque podía salir a la calle y esconderme de todo el mundo. Era como un juego misterioso en el cual no sabías qué te ibas a encontrar. Y, cuando salía el sol y este humo sutil se levantaba, descubrías lo que la niebla te había ocultado.


La ruta de la tercera jornada nos llevó a las primeras huellas del cristianismo en Galicia. 

Monasterio de San Pedro de Rocas

Monasterio de San Pedro de Rocas

Nos alejamos un poco de la corriente del "río que nos guía" y un bello paisaje de montaña nos acompañó por tierras más altas. Al llegar al pueblo de Esgos encontramos las primeras huellas cristianas en Galicia en el Monasterio de San Pedro de Rocas. 
Según la lápida fundacional que se encontró en ese lugar, este monasterio fue heredado en el s VI por cinco monjes que escogieron este lugar situado a 650 m de altitud, para retirarse a una vida de oración. El hecho de heredar incita a pensar que ya existía un enclave religioso más antiguo. 
Este templo, excavado en la roca viva, tiene tres naves que por su situación hace pensar que fue el resultado del aprovechamiento de cuevas ya habitadas antes. Cuando entras tienes la sensación de estar en una gruta primitiva porque te invade un silencio sepulcral en una penumbra que lo domina todo. Es un lugar extraño porque estás rodeado de sepulturas de aspecto tenebroso fruto de la humedad de la lluvia caída y el liquen que las cubre. 

Antes de marcharnos visitamos la fuente de San Benito que según dice la tradición tiene propiedades milagrosas y cura las verrugas. Cierto o no, la fuente es muy peculiar: el agua no llega a ella desde un manantial, sino desde la ladera, cayendo de forma natural. 




Por fin llegó el momento de observar los escarpados cañones del río desde otra perspectiva y contemplar la vegetación y las vides de las terrazas ancladas en las laderas desde los tiempos de los romanos. La experiencia de un viaje en catamarán nos estaba esperando. 

Hay al menos cinco puntos de salida de las embarcaciones y mucha información en todos los sitios. Elegimos el más próximo al lugar donde comimos (Os Peares). A unos 12 kilómetros hay un indicador donde se lee “Embarcadoiro de Sant Estevo 1 km” y señala la dirección. Desde este punto parte un catamarán que une Santo Estevo con Abeleda, situada unos kilómetros más arriba y donde la embarcación da la vuelta para regresar al punto de partida, Santo Estevo. 






Nuestra singladura en catamarán nos llevó por parajes de gran encanto. Las aguas remansadas y las formaciones rocosas del cañón crean un grandioso espectáculo para la vista. Pudimos divisar, en el alto, el monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil y pasamos cerca del enclave conocido como Os Balcons de Madrid. 
En las orillas existen pequeños embarcaderos utilizados por los viticultores de la zona para transportar la uva en época de vendimia. 
Después de dos horas de navegación y de admirar estos paisajes, dimos por finalizada nuestra tercera jornada. 

Regresamos por la carretera principal, camino de Nogueira de Ramuín. (Este ayuntamiento es conocido popularmente como lugar de origen de "afiladores y paragüeros"). 

Una sencilla casa de Turismo Rural nos estaba esperando con una apetitosa cena. 

Un ligero orvallo caía lentamente y pensé que a Galicia le sienta bien la lluvia. Con el agua las piedras grises de las casas ennegrecen, las calles se vacían y las torres de los monasterios reinan más que nunca.
Después de tantas emociones merecíamos un descanso y mañana sería otro día.






POTSER ET POT INTERESAR