dimarts, 19 de novembre de 2019

TORINO: EL NUCLEO HISTÓRICO DE LOS SAVOIAS





Como quien no quiere la cosa, el verano se nos escapó y para despedirlo nada mejor que buena compañía y una escapada a una ciudad europea que aún no conocía: Torino.


Un poco de historia no viene mal (copiado de una guía de la ciudad)

Torino es la capital del Piamonte, la región italiana septentrional que limita con Francia. Torino tiene un pasado histórico un poco complicado de resumir en pocas líneas. Ciudad celta, fueron los romanos quienes levantaron la colonia de Augusta Taurinorum que seguía una disposición ortogonal siguiendo el sistema militar del castrum.
Con la caída del imperio los longobardos y posteriormente los francos ocuparon la ciudad, hasta la llegada de la Casa de los Savoia, mecenas del barroco turinés, y promotores de un reino independiente del dominio francés que durante el 800 se asomó al norte de Italia.
El siglo XIX fue intenso en toda Italia, pero Turín vivió momentos de gran agitación política como el nombramiento de capital del país recién unificado en 1861, hasta 1864. Patria de uno de los padres del Risorgimiento, Cavour, en los albores del siglo XX surgieron importantes centros industriales que dieron lugar a empresas de gran renombre como Fiat u Olivetti.
La cercanía de las montañas hace imposible no pensar en el turismo invernal de esquí  que ofrece Turín. Y es que han sido varias las veces que la ciudad ha acogido eventos de alto calado como campeonatos del mundo de esquí o las olimpiadas de invierno de 2006.


















Torino, una ciudad a la espera que la descubramos.

El vuelo entre España y el aeropuerto internacional de Turín-Caselle tarda unas 2 horas. Saliendo de Barcelona se puede elegir Vueling o Ryanair.
Como siempre hacemos en todos los lugares que visitamos, nuestro alojamiento estuvo situado en el centro histórico de la ciudad. (Le Petit Hotel de la Via San Francesco, muy recomendable)
Una vez acomodados salimos al descubrimiento de esta bella ciudad.


La primera impresión fue que había un tráfico caótico a primera hora de la tarde de un jueves cualquiera. Nosotros, que íbamos andando, no nos sumergimos en ese caos circulatorio porque cogimos una de las rectas calles del centro: la comercial Via Roma. Esta via une la estación de tren Porta Nuova con dos de las principales piazzas , la de San Carlo y la del Castello.
Dedicamos toda una tarde a visitar el núcleo histórico de la Piazza San Carlo y la Piazza Castello con sus alrededores, verdadero corazón de Torino, porque allí se encuentran los edificios más emblemáticos.



Segunda impresión de Torino: ordenada, barroca, cuadriculada y elegante. En estos adjetivos pensaba mientras paseábamos por la Via Roma bajo el resguardo de los soportales que casi no dejaríamos en ningún momento de nuestra ruta.
Torino se la conoce por sus soportales, porque tiene más de 18 kilómetros de galerías porticadas. Los pórticos le dan un aire acogedor y son prácticos cuando hay inclemencias del tiempo, te protegen de la lluvia y el sol. Luego también puedes encantarte tranquilamente mirando escaparates y confiterías en cantidad. Por cierto, los escaparates de Via Roma, un poco excesivos pero preciosos.





Llegamos a la famosa Piazza Castello.



Esta plaza está flanqueada por el Palazzo Reale y el Palazzo Madama y si miras el mapa ves que convergen cuatro de las principales vías del centro: Via Garibaldi (peatonal), Via Po, Via Roma y Via Pietro Micca.



Es la segunda plaza más grande de esta ciudad, con una superficie aproximada de 40.000 metros cuadrados.

Construida en el siglo XVI y reconstruida en el XVII después de los desperfectos que sufrió durante la guerra, el gobierno de los Savoia hizo que alcanzara su máximo esplendor con la reforma y modernización de los antiguos palacios.
Para empezar buscamos el Palazzo Madama para poder disfrutar del valor de más de mil años de antigüedad en un solo edificio. Cimientos romanos, un castillo del siglo XIV y todas las posteriores modificaciones barrocas. 







El señorial Palazzo Madama

El palacio resume la historia de la ciudad en sí misma.
A comienzos del siglo I a. C., el lugar de este palacio estaba ocupado por una puerta en los muros romanos de la que partía el decumanus maximus de Augusta Taurinorum (el antiguo nombre de Turín).
Dos de las torres, aunque restauradas, aún testifican este núcleo original.

Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, la puerta romana, en la Edad Media, se convirtió en una fortaleza y era el baluarte fortificado en las defensas de la ciudad.
Entre los siglos XVII y XVIII, la Real Señora de Savoia lo eligió como su propia residencia y en el Ortocento, Carlo Alberto colocó el primer Senado del Reino de Italia.

Es un edificio muy original porque muestra dos fachadas. La que da a la piazza Castello, lo que sería el delante, es un elegante palacio barroco, y, la que da por detrás, es como un castillo medieval.
En su interior se encuentra el Museo de Arte Antiguo de la Ciudad, que tiene una bonita colección de cerámicas, dibujos y esculturas. Durante la visita, se puede entrar en el pequeño jardín para ver las murallas y torres del palacio desde el interior.
Se puede visitar de martes a sábado de 10 a 18 horas, y los domingos hasta las 20 horas (7,50 euros) Si sólo se quiere ver la escalinata de entrada y la corte medieval, el acceso es gratuito.








Palazzo Reale, residencia de los Savoias


Luego cruzamos la plaza y en el fondo se encuentra el Palazzo Reale (Visita de 8.30h a 19.30 h, excepto lunes,y gratis el primer domingo de cada mes)


Este palacio del siglo XVII fue la residencia de la Casa de Savoia y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Más allá de ser hermoso e imponente, es un lugar muy bueno para pasear.


La entrada principal se encuentra en la misma Piazza Castello. Construido en 1646, sirvió como residencia real hasta 1865. Hoy en día, se pueden visitar varias secciones del palacio: Los apartamentos del rey, la Biblioteca Real y sus 200.000 libros, la Armería Real y su impresionante colección de caballos de peluche con sus jinetes blindados y la galería Sabauda, que expone pinturas de los siglos XIV al XX.




Nosotros anduvimos por los Jardines Reales cuya entrada es libre y fue allí donde charlamos un buen rato con unos estudiantes nativos que fueron muy simpáticos y amables cuando les disparamos un montón de preguntas sobre lugares que visitar, donde comer, tomar un bicerín o un vermut.







Y descubrimos la Iglesia de San Lorenzo

En este punto, miramos arriba para ver una gran cúpula octogonal, la de la Iglesia de San Lorenzo ¡¡¡ Preciosa !!!

Esta pequeña iglesia está repleta de historia y goza de todo el cariño de los habitantes de Torino. Además tiene una curiosa historia tras ella.
Dedicada a San Lorenzo en honor a la victoria de Manuel Filiberto el día 10 de agosto de 1557 (día de San Lorenzo). Perteneció a la casa Savoia, ya que prometió construir una iglesia en honor a este santo si eran vencedores en la batalla de San Quintín.
Este precioso lugar, de estilo barroco, atrae a miles de fieles todas las semanas, pero también a puñados de viajeros que no quieren perderse detalle de ella. De entre las curiosidades destaca su cúpula y el hecho de no tener fachada, por lo que resulta difícil toparse con ella, tan solo es visible una pequeña puerta.


Otros edificios que encontramos en la plaza son: el Teatro Regio, el Palazzo della Giunta Regionale, la Armeria Reale, el Palazzo del Governo, la Biblioteca Reale, el Archivio di Stato y el Palazzo Chiablese.












La sala de estar de Torino: la Piazza San Carlo


De regreso al hotel, via Roma abajo, nos encontramos con  Piazza San Carlo, apodada “il salotto di Torino”
La llaman “la sala de estar de Torinoporque la vida política piemontesa se ha desarrollado siempre en esta plaza, o mejor, en sus famosos cafés, frecuentados por miembros de la familia real, nobles y escritores. Es un lugar para ver y ser visto al salir de compras o pasear.
Toda la plaza es peatonal y porticada; tiene una superficie de 768 metros cuadrados. En ella se celebran todos los acontecimientos históricos y sociales, conciertos, manifestaciones, protestas, mítines y triunfos deportivos de la Juventus.
En el centro hay un monumento equestre llamado Caballo de Bronce. A los lados el edificio Solaro del Borgo (s XVII) y, en el lado sur, las dos iglesias gemelas de estilo barroco: San Carlo y Santa Cristina.


La imagen que tuve durante muchos días de fondo de escritorio de mi ordenador cuando preparaba el viaje, ahora la tenía ante mis ojos. ¡¡ Hermosa Piazza !!



Llevaba anotados varios cafés en mi libreta viajera, porque dicen que no se conoce Torino si no se disfruta de una pausa en uno de sus cafés históricos.

Y nos tomamos un café de altísima calidad en el famoso Caffé San Carlo, primer local de toda Italia que tuvo iluminación a gas. Te sientas cómodamente, miras las pinturas de sus paredes, las columnas de los laterales, estucos, las lámparas de araña y puedes viajar a una época muy importante de la historia italiana: el Risorgimento, en el siglo XIX.
Miramos la carta y decidimos que volveríamos al día siguiente a la hora de la cena.







Otro famoso café es el Caffé Torino, un poco más joven respecto a los otros cafés históricos de Torino. Se construyó en estilo Liberty (Art Nouveau en Italia) a principios del s XX. En su interior también hay mármoles, lámparas de lágrimas de cristal y todo tipo de decoración deslumbrante.
En la entrada hay un neón, el único original de la época en Torino. En el pavimento de los soportales y frente a ese café, hay la imagen de un toro rampante. La tradición dice que si pisas sus genitales tendrás buena suerte.





Un local histórico más es la Confitería Stratta, de 1836, que fue proveedor oficial de caramelos de la Casa Real de los Savoia.
Y muy cerca el Baratti & Milano que también fue distribuidor oficial de chocolate de la aristocrácia piamontesa.








Delante de la plaza, aunque un poco escondida, encontramos la Galleria San Federico, una galería comercial construida en los años 30 y donde se pueden realizar compras o simplemente tomar un café admirando el esplendido techo abovedado que combina con el piso de mosaicos negros y blancos. Allí también veréis el histórico Cine Lux.


Y en el silencio de mi habitación mi cabeza se llenó de interrogantes : ¿Quienes eran los Savoias? Intentaba buscar imágenes de los libros de historia de mi época de estudiante. ¿Llevaban peluca? ¿Los del uniforme azul, rojo y blanco? ¿Una Savoia novia del rey emérito de España? …...

dissabte, 16 de novembre de 2019

TORINO. EN BUSCA DEL SKYLINE DE LA CIUDAD






Los Alpes regalan a Torino la corona más hermosa que una ciudad puede tener a sus alrededores: sus montañas alpinas. Como dijo Le Corbusier : “Torino posee la escenografía natural más bonita del mundo”. 

Activa, acogedora, con un rico pasado y la vista puesta en el futuro, la bella Torino había tardado poco en conquistarnos. 


El símbolo de Torino es la Mole Antonelliana, un edificio cuya silueta se ve desde cualquier punto de la ciudad. Su presencia parece un desafío a los Alpes, una competición con las montañas naturales y las arquitectónicas. 


En una nueva jornada programamos ruta un poco más alejados del centro-centro. 





Cerca de la Piazza Castello comienza otra de estas calles porticadas que dan personalidad a Torino: la Via Po. Cuando hablamos de la Via Roma ya dijimos que estos soportales se crearon en el s XVII para evitar a la nobleza la incomodidad del sol y de la lluvia. 

Encontramos de nuevo tiendas, confiterías de productos artesanos que son una esquisitez, y elegantes cafés: Baratti & Milano, Mussolano, Caffe Fiorio, todos con su decoración intacta del S XIX. 

La Via Po termina en la Plaza Vittorio Veneto. Es la plaza más grande de Torino y está situada cerca del río Po cerrando en el puente Vittorio Emanuele que la conecta con la Piazza de la Gran Madre di Dio. 






La idea de que es la plaza más grande de Europa está muy extendida, especialmente entre la gente de Torino. En realidad es una inexactitud. El error proviene del hecho de que Piazza Vittorio Veneto en realidad tiene este récord, pero sólo considerando los cuadrados con arcadas. 






El símbolo de la ciudad: la Mole Antonelliana

Llegados a esta ubicación decidimos acercarnos a la Mole Antonelliana que es la estructura más reconocible de la ciudad; es tan alta que no es difícil llegar a ella porque se ve claramente, porque sobresale, con una altura de casi 170 metros, por encima del resto de otros edificios notables. 

En sus orígenes (comenzó su construcción en 1863) fue concebida como una sinagoga con la finalidad de dar un lugar de encuentro a la creciente población judía de Torino por aquel entonces capital de la recién unificada Italia. 

Sobre una base cúbica se levanta una cúpula ojival que termina con un templo de columnas dobles que a su vez sostiene la punta de lanza que se clava en el cielo, alcanzando los 113 metros. 

Se terminó en 1889, convirtiéndose en el edificio de ladrillo más alto del mundo que no está reforzado por una estructura de acero (impresionante título que sigue ostentando a día de hoy). 

Si se quiere visitar es necesario subir en ascensor y pagar 7 euros. Este ascensor es de cristal y es una pasada el viaje hasta lo alto de la torre. Una vez allí se tiene una panorámica de 360º de toda la ciudad. 

En su interior alberga el Museo del Cine que es de los más importantes del país. 







Caminando por la ribera del Po 


Los parques y las zonas verdes ocupan un papel relevante en Torino que es una ciudad verde. El diseño urbano ha tenido siempre presente las áreas de recreo, siendo una de las ciudades italianas más verdes y con mayor concentración de espacios sin asfalto. 

Toda la ribera del río Po se ha recuperado e invita a acercarse, pasear y disfrutar del contacto con la naturaleza ya sea andando, corriendo o en bici. Este río atraviesa la ciudad y recibe aguas de sus tres afluentes: Dora Riparia, Stura y Sangore. 

Las piernas un poco cansadas de los 6 Jubiletos decidieron que había que acercarse hasta el Parque de Valentino, con sus 42 hectáreas, porque es una de las zonas verdes de Torino más conocidas, que luce especialmente espectacular en esta época del año. De vuelta al hotel llamaríamos un taxi. 






Es allí donde se encuentra la famosa escultura del banco con las dos farolas de hierro abrazadas que tanto aparece en el Instagram de los viajeros. Tenemos que decir que nosotros no nos dedicamos a encontrarla, sino que nuestra atención fue para los rincones que nos parecieron más atractivos. 

Nos acercamos hasta el Borgo Medievale, dentro del parque, porque lo recomendaban algunos visitantes. Este Pueblo Medieval recrea el ambiente de una típica ciudad piamontesa del siglo XV. Hay un puente levadizo, tiendas de artesanía y una capilla. Pero a nosotros no nos pareció interesante como para visitarlo. 




El Parque Valentino es el lugar perfecto para disfrutar de un poco de frescura y tomar un caffé, un maquiatto o un capuccino a orillas del Po en uno de los cafés que allí se encuentran. Y eso hicimos. 




La colina del Capuccini 


Y regresamos a la Piazza Vittorio Veneto, cruzamos el puente Emanuele I y admiramos la iglesia de la Gran Madre di Dio. 


Allí mismo subimos (autobús 53) por la colina hasta el Monte dei Capuccini, donde se divisa la vista más hermosa de la ciudad. 







El nombre de la colina viene del hecho que la casa de Savoia la dio a los capuchinos para que se construyeran una iglesia y un convento. 

La mayoría de viajeros suben andando hasta el Mirador; son unos 15 minutos porque está más cerca de lo que nos pensábamos. La andada la hicimos de bajada para poder disfrutar de las diferentes vistas de la ciudad. 

El cielo empezó a llenarse rápidamente de grandes nubarrones negros y ya no tenía sentido quedarse a ver el atardecer. 

Las fuertes lluvias y el mal tiempo hizo que tampoco pudiéramos visitar la Basílica de Superga que tanto nos habían recomendado. La cripta de esta grandiosa iglesia barroca tiene los monarcas de la casa de Savoia y una magnífica vista de Torino desde la cúpula. 

Lo que tampoco vimos son las montañas de los Alpes con nieve que estamos acostumbrados a ver en las típicas postales de Torino




Ya tenemos algo pendiente para tener la excusa y volver a esta hermosa ciudad.


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