dimecres, 15 de juliol del 2026

Reus y el Año Gaudí





Tras la intensidad de las verbenas de Sant Joan en nuestro territorio, necesitábamos una escapada de las que más nos gustan: de las que combinan patrimonio, cultura, gastronomía y también cercanía. Hacía años que conocíamos Reus, pero el Año Gaudí nos ofrecía la excusa perfecta para volver y descubrir la ciudad desde una mirada completamente distinta.

Estamos en plena celebración del Any Gaudí y Reus, capital del Baix Camp, conmemora esta efeméride con el estreno de una gran sala inmersiva en su c
entro de interpretación, el Gaudí Centre.

La sala fue inaugurada el sábado 13 de junio y el lunes 15, cuando todavía no había llegado la avalancha de visitantes, allí nos plantamos nosotros. Era una oportunidad para conocer desde otra perspectiva a la persona que hubo detrás del artista, descubriendo el entorno donde se formó y las personas que moldearon su manera de entender el mundo.

                                                          El Gaudí Centre.


Gaudí y Reus

Aunque en Reus no hay edificios diseñados por Antoni Gaudí, aquí nació el arquitecto y la ciudad conserva la memoria de aquellos lugares que frecuentó durante los años que vivió en ella: su casa natal, la iglesia donde fue bautizado, el colegio en el que estudió y algunos escenarios donde compartió vivencias con amigos y colaboradores.

La Casa Natal era propiedad de la familia materna y en la planta baja se encontraba el taller de calderería de su abuelo. Gaudí siempre reivindicó con orgullo sus orígenes diciendo: 
"Soy hijo, nieto y biznieto de caldereros."

Consideraba que aquel oficio había sido el origen de su capacidad para comprender el espacio en tres dimensiones. Actualmente la Casa Natal es una propiedad privada y no puede visitarse.

Escultura de Gaudí niño jugando a las canicas


Paseando por la ciudad también encontramos una entrañable escultura que representa a Gaudí cuando era niño, sentado en un banco mientras juega a las canicas.




Y tuvimos la suerte de contemplar en primicia otra escultura del genial arquitecto, recién inaugurada coincidiendo con la llegada del papa León XIV a Barcelona. Se encuentra junto a la puerta de entrada de la Prioral de Sant Pere y supone una nueva incorporación al patrimonio gaudiniano de la ciudad.

Además, nos explicaron que este año del centenario de su muerte quedará un importante legado para Reus en forma de una gran escultura de bronce y un gran mural que muy pronto podrán contemplar todos los visitantes.

"Reus, París y Londres"


Reus tiene su origen en la época medieval, aunque su momento de mayor esplendor económico llegó durante el siglo XVIII. En aquella época, junto con París y Londres, la ciudad se convirtió en uno de los grandes centros europeos del comercio del aguardiente. De hecho, eran estas tres ciudades las que marcaban el precio de esta bebida.

De ahí nació el famoso lema "Reus, París y Londres", que hacía referencia al prestigio y a la importancia comercial que alcanzó la ciudad.

Reus no es París ni Londres... pero sigue teniendo motivos de sobra para presumir de personalidad propia.

Si queréis entrar un poco en la historia os dejo este enlace


Simulación de la mesa de trabajo del artista en el Gaudí Centre




Paseando por el corazón de Reus

Siempre que elijo un hotel lo primero que miro es su ubicación y la posibilidad de dejar el coche muy cerca. Las piernas de Jubileta siempre lo agradecen. Si además el hotel está rehabilitado, es pequeño y funcional, mucho mejor.

También me gusta hablar con la persona de recepción. Muchas veces sus recomendaciones terminan formando parte del viaje. Y si, además, consigo una habitación con vistas a un monumento o a los tejados del casco antiguo, ya soy completamente feliz. No sé qué tienen esas viejas tejas que siempre consiguen llamar mi atención.

Ayuntamiento en la famosa plaza del Mercadal



Salimos del hotel y, en apenas unos minutos, nos encontramos en el auténtico corazón de Reus: la plaza del Mercadal.

Es, sin duda, uno de los espacios más vivos de la ciudad. Allí se celebran mercados, fiestas y numerosos acontecimientos que llenan de ambiente este amplio espacio porticado.

Después de tantos años la veía diferente. Apenas recordaba la Casa Navàs y el Ayuntamiento. Esta vez preferimos sentarnos tranquilamente en una de las terrazas y contemplar la vida de la plaza mientras hacíamos un lento barrido con la cámara.

Plaza del Mercadal



La plaza tiene una forma casi perfectamente cuadrada y está porticada en tres de sus lados. En ella conviven edificios de distintas épocas: la magnífica Casa Navàs, una casa del siglo XVIII, otra de estilo barroco, la Casa Pinyol, el Ayuntamiento y, presidiendo uno de sus laterales, el Gaudí Centre.

El Gaudí Centre es el punto de partida perfecto para descubrir la vida y la obra del arquitecto. Distribuido en tres plantas, ofrece audiovisuales, maquetas táctiles, reproducciones de estructuras, espacios interactivos e incluso la posibilidad de adentrarse virtualmente en el taller donde Gaudí desarrolló buena parte de su obra.

Saliendo del Gaudí Center



Al salir del Gaudí Centre no abandonamos todavía el corazón histórico de Reus. Lo mejor de esta zona es que basta caminar unos pocos metros para ir descubriendo pequeñas plazas con personalidad propia, todas ellas muy próximas al Mercadal y perfectas para recorrer sin prisas. (Os lo cuento en un próximo relato)



Dicen que siempre se vuelve a los lugares, pero nunca se regresa siendo la misma persona. Quizá por eso esta segunda visita a Reus ha sido tan distinta de la primera. Entonces admiramos una ciudad elegante; ahora hemos intentado comprender sus raíces.

El Año Gaudí ha sido la excusa perfecta para pasear sin prisas, detenernos en sus plazas y mirar con calma aquellos rincones que, hace más de ciento cincuenta años, también formaron parte de la vida de un niño llamado Antoni Gaudí. Y, una vez más, regresamos a casa con la certeza de que viajar despacio sigue siendo la mejor manera de descubrir los lugares... y también de redescubrirnos un poco a nosotros mismos.


LAS PLAZAS DEL CENTRO DE REUS

 


Una de las cosas más agradables de pasear por el centro histórico de Reus es caminar despacio, sin prisas para ir descubriendo pequeñas plazas con personalidad propia, todas ellas muy próximas al Mercadal que es la plaza más céntrica.


Nos entraron ganas de conocer esas plazas con encanto desde el momento que abrimos la ventana de nuestra habitación del hotel donde nos hospedamos porque de la puerta del hotel y a un minuto andando de distancia está la Plaza Castell.





Salida del hotel y plaza Castell con Iglesia Prioral de Sant Pere

Plaza Castell

La plaza Castell

Había leído que conserva el recuerdo del antiguo castillo que dio origen a la ciudad. Actualmente es un remanso de paz en medio de la ciudad, bonita, pequeña, recogida y casi secreta. Tuvimos la suerte de tomar el desayuno que ofrece el hotel en una de las terracitas que están tan concurridas por la noche. De allí a la plaza del Mercadal.


                      Plaza del Mercadal

La plaza Mercadal

Esta plaza es sin duda, uno de los espacios más vivos de la ciudad. Allí se celebran mercados, fiestas y numerosos acontecimientos que llenan de ambiente este amplio espacio porticado.

Después de tantos años la veía diferente. Apenas recordaba la Casa Navàs y el Ayuntamiento. Esta vez preferimos sentarnos tranquilamente en una de las terrazas y contemplar la vida de la plaza mientras hacíamos un lento barrido con la cámara.

La plaza tiene una forma casi perfectamente cuadrada y está porticada en tres de sus lados. En ella conviven edificios de distintas épocas: la magnífica Casa Navàs, una casa del siglo XVIII, otra de estilo barroco, la Casa Pinyol, el Ayuntamiento y, presidiendo uno de sus laterales, el Gaudí Centre.



Estatua "Al Vent" darrere de l' església de Sant Pere


La plaza del Fossar

Muy cerca aparece la plaza del Fossar, uno de esos rincones que quizá pasan desapercibidos para quien tiene prisa, pero que ayudan a entender cómo fue creciendo la ciudad medieval. Su nombre recuerda el antiguo cementerio parroquial que ocupó este espacio. Desde allí continuando el paseo llegamos a la plaza del general Prim.



Plaza del General Prim


La Plaza del General Prim


Continuando el paseo llegamos a la plaza del General Prim, presidida por la estatua ecuestre del militar reusense. Rodeada de edificios elegantes y terrazas, es uno de los lugares más representativos de la ciudad y un buen punto para hacer una pausa. El cansancio y mucho calor hicieron que buscáramos un lugar para almorzar. Después el recorrido terminó en:

Plaza de las Peixateries Velles

La plaza de las Peixateries Velles


Me encantó porque es un lugar lleno de vida donde antiguamente se instalaba el mercado del pescado. Hoy conserva ese aire comercial y acogedor que hace agradable perderse por las calles del casco antiguo antes de regresar nuevamente al Mercadal.

Estas plazas son diferentes entre sí, no tienen grandes monumentos que puedan eclipsar la visita, pero forman parte del carácter de Reus e hicieron que descubriéramos un trozo de la ciudad con un ritmo más pausado.


A veces son precisamente estos rincones los que mejor permanecen en la memoria del viajero.



dimecres, 3 de juny del 2026

DOS JUBILETOS EN TIVISSA (viajar sin prisa)

 



Según “National Geographic”, Tivissa, en la Ribera d’Ebre, es uno de los pueblos más encantadores de Tarragona. Otros viajeros lo definen como uno de los más bellos de las Terres de l’Ebre, capaz de cautivar a quienes lo visitan, mientras que algunas publicaciones lo incluyen entre los cuatro pueblos más bonitos de la provincia.


Con todas estas recomendaciones, este par de “jubiletos” decidió irse de excursión hasta allí.

Nunca hemos hecho demasiado caso de esas afirmaciones tan esplendorosas porque preferimos descubrir los lugares a nuestra manera y sacar nuestras propias conclusiones. Y después de la visita, más que un pueblo “de postal”, nosotros diríamos que Tivissa es un municipio antiguo, tranquilo y con una historia que sorprende mucho más de lo que aparenta al llegar.




Pincelada histórica

Tivissa es un pueblo remoto, de raíces milenarias, donde se asentaron algunos de los primeros pobladores conocidos de la zona.

Su nombre es de origen íbero y posteriormente fue latinizado por los romanos como “Tibisi”. Parece proceder de la raíz ibérica “tivi”, que significa monte, y de la desinencia prerromana “issa”, relacionada con pueblo o ciudad.



Es decir, Tivissa vendría a significar “la ciudad de la colina”. Y realmente el pueblo hace honor a su nombre, porque se asienta sobre una elevación de unos 310 metros sobre el nivel del mar, rodeado de bosques y montañas que convierten el entorno en un lugar perfecto para disfrutar de la naturaleza y del senderismo.




Nuestra visita por el casco antiguo

Nada más llegar me gustó el pilón de bienvenida colocado en la entrada del pueblo. Desde allí ya pueden hacerse las primeras fotografías del conjunto urbano, con las casas agrupadas sobre la colina.

Muy cerca se encuentran también los antiguos lavaderos públicos de la Sèquia del Camí, construidos entre 1890 y 1900, que durante años sirvieron tanto para lavar la ropa como para regar los huertos cercanos.

 Antiguos lavaderos públicos de la Sèquia del Camí



Para quienes tengan buenas piernas andarinas, recomendaría dejar el coche en la zona de aparcamiento del Parc Vell y comenzar desde allí la visita a pie por el casco histórico.

Nosotros hicimos justo lo contrario.

Subimos en coche hasta la parte más alta, la plaza de la Baranova, porque allí se puede parar unos minutos para hacer fotografías sin necesidad de afrontar demasiadas cuestas. Después ya bajamos tranquilamente hasta el Parc Vell para iniciar el paseo por el entramado de calles empedradas y callejones estrechos del núcleo antiguo.

Es un recorrido agradable, sin prisas, ideal para ir descubriendo los dos portales que todavía se conservan del antiguo recinto fortificado, algunas casas señoriales de piedra y pequeñas plazas llenas de encanto.



Qué ver en Tivissa


La muralla del siglo XIV

Hoy aparece integrada en muchas de las fachadas exteriores de las casas, construidas con gruesos muros y pocas aberturas. De las tres entradas originales sólo se conservan dos: el Portal d’Avall y el Portal de l’Era.

Las casas pairales

Todavía permanecen en pie algunas viviendas históricas como Ca Ventura, Ca Eloi, Ca l’Hostal y Cal Rey, que parecen resistirse al paso de los siglos.

Los lavaderos públicos

Construidos entre 1890 y 1900, forman parte de esa memoria cotidiana de los pueblos que siempre me gusta detenerme a mirar.

La plaza de la Baranova

Es el espacio más amplio y representativo del pueblo. Además de su ambiente tranquilo, tiene un magnífico mirador desde donde se contemplan las montañas de Prades, la Serra de Montsant, Pàndols, Cavalls, Els Ports y la Serra de Cardó.

La iglesia de Sant Jaume

Este rincón, junto a la plaza de la Baranova, fue probablemente el lugar que más me gustó de Tivissa.

Lo más curioso es que en el siglo XIX, por falta de espacio, se construyó una iglesia nueva alrededor de la antigua iglesia gótica. De esta manera, hoy, una permanece dentro de la otra y todavía pueden apreciarse ambas estructuras de forma visible.

En un par de horas puede recorrerse tranquilamente lo más destacado del pueblo.

 

La Iglesia de Sant Jaume

Plaza de la Baranova

Torre de la Iglesia de Sant Jaume

Mirador de la plaza Baranova









Después disfrutamos de un almuerzo tradicional en uno de los restaurantes locales. Ya con el café sobre la mesa, terminamos conversando con un vecino del pueblo, y aquella charla resultó casi tan interesante como la propia visita.

Porque a veces la verdadera magia de un lugar no está en los monumentos ni en las listas de “los pueblos más bonitos”, sino en esas pequeñas conversaciones y descubrimientos personales que uno se lleva de regreso a casa.




dijous, 21 de maig del 2026

Un ramo sobre la mesa ( mi aportación al taller de escritura)




Esta mañana me he levantado más tarde de lo normal y me esperaba una sorpresa muy entrañable. De esos pequeños detalles que llenan el día de cariño sin hacer ruido.

Joseph me había dejado un sencillo ramo verde de hierbas aromáticas en un jarrón, encima de la mesa de la cocina.

Mi rutina de cada mañana es preparar el almuerzo como si fuera a recibir en la mejor mesa a unos invitados queridos: zumo, pan tostado, mantequilla, mermelada casera y mi jamoncito ibérico con aceite de nuestras arbequinas. Después, café caliente y sin azúcar.

El ramo ha presidido la mesa durante todo el desayuno.

—Es mi gesto por tantos detalles que tienes conmigo —me ha dicho.

Y yo he pensado que mi pequeña escapada de hoy, cámara en mano, sería al rincón de las aromáticas.

Después de varios días en los que cada tarde cae un buen chaparrón, las plantas están exultantes. El sol y la lluvia forman una danza maravillosa que lo transforma todo.

La menta, el tomillo, la salvia, la lavanda y la hierba luisa han crecido muchísimo.

Todo listo para llamar a mi hortelano.





Joseph había podado un poco para que las aromáticas no se desmadraran y, al remover la tierra, el aire se ha llenado de perfume.

Entonces he pensado que quizá deberíamos guardar esos aromas en pequeñas bolsitas atadas con un lazo lila —del color de la lavanda— y regalarlas a todas las personas que queremos.

Porque hay afectos que también huelen a hogar.

 

 

 

 


dilluns, 18 de maig del 2026

En Lerma, un rincón donde la poesía aún respira.


Habíamos salido temprano de Burgos después de tomar un desayuno con "sobao" y un buen café largo. Tomamos rumbo hacia el sur por esas carreteras burgalesas que circulan entre campos de cereal y colinas suaves.


Y aunque ya habíamos visitado otros rincones de Las Merindades en el norte, la escapada de ese día tenía un sabor distinto: Lerma era nuestro objetivo.

Volver a Lerma después de tantos años fue como abrir un libro antiguo y encontrar entre sus páginas una flor seca, de esas que tantas veces ponía a secar.

A medida que te acercas, Lerma impone. Desde lejos ya se adivina la silueta del Palacio Ducal, que parece dominar la llanura como un señor antiguo.

Aparcamos cerca del Arco de la Cárcel, una de las puertas originales de la muralla, y entramos al casco histórico como quien atraviesa el umbral de otro tiempo.

Colegiata de San Pedro


El Arco de la Cárcel aún conserva su aire de fortaleza vigilante. Nada más cruzarlo, me detuve unos segundos para mirar hacia arriba: las fachadas nobles, los balcones de hierro forjado y las piedras que han visto pasar siglos de poder, conspiraciones y visitas reales.


PLAZA MAYOR Y PALACIO DUCAL


Desde allí caminamos sin prisa hacia el corazón del pueblo: la descomunal Plaza Mayor, una de las más grandes de España en su época. Fue diseñada como escenario del poder absoluto del Duque de Lerma, valido del rey Felipe III y uno de los personajes más controvertidos del Siglo de Oro. Lo curioso es que este duque fue más astuto que sabio, y más ambicioso que piadoso, pero logró que todo el pueblo respirara grandeza.

Palacio Ducal, hoy Parador de Turismo


No visitamos el Palacio Ducal, que hoy es un Parador Nacional. Ni visitamos iglesias y conventos que ya conocíamos de una visita anterior hace muchos años.

Fuimos por el Paseo de Zorilla.



EL PASEO DE ZORRILLA


Lo había descubierto por casualidad leyendo un artículo del “Diario de Teruel”, en una tarde cualquiera.



"José Zorrilla, el poeta y dramaturgo español autor de 'Don Juan Tenorio' caminó muchas veces por calles burgalesas, en Lerma. Su padre fue gobernador durante unos años, y el joven Zorrilla pasó en la villa ducal temporadas que lo marcaron profundamente. De hecho, más allá de los monumentos, hay un rincón especial que lleva su nombre: el Paseo de Zorrilla, un mirador que se asoma al valle del Arlanza, sereno y extenso. Dicen que allí, entre el rumor de los chopos y el vuelo de las aves, el poeta se inspiró"

Y no me cuesta imaginarlo. Yo misma me senté en uno de los bancos de piedra del Paseo y sentí ese impulso de escribir, de detener el tiempo.

Luego busqué entre los poemas allí escritos y me detuve ante uno cortito:

(José Zorrilla)

Cuando a mi casa llegáis,
estudiantina querida,
vuelve a sonreír la vida
que se va cuando os vais.

Sois, con vuestras melodías,
cual sol de marzo risueño,
que alegra al viejo su sueño
y al niño sus alegrías.




Allí estaba ese homenaje que dedicó a la Estudiantina Burgalesa, tan breve y tan lleno de luz. Lo leí en voz baja, y enseguida pensé en la Rondalla Puiggraciós donde toca Joseph, mi Jubileto. Y pensé en las guitarras, en las bandurrias, los laudes y la mandolina que suenan con ese timbre alegre que parece sacudir hasta los más dormidos.

Porque desde hace muchos años, esa música de rondalla forma parte de mi vida. Y sé lo que ocurre cuando suenan las guitarras, las bandurrias, cuando las notas se alzan entre cuerdas y compases. He visto cómo esa música tan nuestra, tan cercana, enciende sonrisas, calma nostalgias, y hasta espanta las penas que uno no sabía que tenía.


Zorrilla lo sabía también. Por eso escribió ese poema.

Mientras caminaba por el Paseo de Zorrilla, me di cuenta de que ese poema no hablaba solo de la estudiantina de su época. Hablaba también de nosotros. De quienes encontramos, en las cuerdas de un instrumento tocado con cariño, una ilusión, un consuelo, una esperanza, una sonrisa.




PARA QUIEN LLEGUE POR PRIMERA VEZ A LERMA


Aunque esta vez mi paso por Lerma fue más íntimo y poético, no puedo dejar de mencionar algunos lugares que todo viajero debería conocer si visita esta villa por primera vez.

1. Arco de la Cárcel – entrada principal al casco antiguo.

2. Plaza Mayor – monumental, centro de la vida de la villa.

3. Palacio Ducal -(Parador Nacional) – se puede visitar parcialmente.

4. Colegiata de San Pedro – iglesia barroca impresionante.

5. Paseo de Zorrilla – mirador con historia y vistas.

6. Convento de San Blas – taller artesanal.

7. Monasterio de Santa Teresa – aún en uso, con visitas ocasionales.

8. Tumba del Cura Merino –  sacerdote y líder guerrillero español durante la Guerra de la Independencia Española.

9. Pasadizos y calles medievales - perfectos para perderse sin prisa.

Colegiata de San Pedro
Convento de Santa Clara

Tumba del Cura Merino

Paseo de los Arcos


Ya los conocía, por eso esta vez preferí caminar más despacio, seguir la voz de un poema y dejar que una melodía interna me guiara. Mucha información en Turismo Arlanza


Por la tarde volvimos al Paseo. Me imaginé al joven Zorrilla, escapando de la rigidez de su padre, soñando con versos de amor y muerte, con donjuanes y fantasmas.

Si alguna vez visitas Lerma, no pases de largo este pequeño paseo entre sombras de cipreses y versos inmortales. A veces, los viajes más hondos no se hacen por carretera… sino por las palabras que nos tocan por dentro.




 El Paseo de Zorrilla se encuentra muy cerca del casco histórico de Lerma. Es un lugar breve pero lleno de alma. Ideal para una parada tranquila, una lectura, o —quién sabe— para que la música vuelva a sonarte por dentro.


dimecres, 13 de maig del 2026

El limonero que nos acompaña

 


Esta mañana he salido al huerto para recoger un puñado de ajos tiernos que necesitaba para la cocina. Ya os digo que Jubileta no es una gran cocinera.


Lo primero que he pensado al arrancarlos es en ese dicho tan antiguo que asegura que “los ajos quieren ver la cara de quien los planta”. Se dice porque deben plantarse poco profundos, dejando siempre una parte fuera de la tierra.



El ajo tierno no es más que la planta joven del ajo y ahora está en su mejor momento. Además de sabroso, dicen que es depurativo, diurético, antiséptico y antibacteriano. Vamos, un pequeño tesoro de la huerta.

En mi paseo de esta mañana he tenido también la sensación de que el limonero me saludaba. Después de la fuerte lluvia de ayer había dejado limones en el suelo y muchos pétalos blancos esparcidos alrededor.



Son las flores del azahar, que al anochecer desprenden un aroma capaz de despertar todos los sentidos.

Cámara en mano, ya tenía algo que contar: la vida de nuestro limonero.

No recuerdo cuándo lo plantamos porque hace muchos años que forma parte del jardín de nuestro hogar y también, de alguna manera, de nuestra vida.



Pertenece a la familia de los llamados “luneros”, esos limoneros que florecen varias veces al año. A veces tiene flores, frutos pequeños y limones maduros en la misma rama, como si no quisiera detener nunca el paso de las estaciones.

A lo largo de los años ha soportado calor, tormentas, vientos fríos e incluso alguna nevada. Pero también ha vivido hermosas primaveras que devuelven el verde intenso a sus hojas y parecen hacerlo feliz.




En casa nunca faltan los limones. Son buenos aliados contra gripes y resfriados gracias a su vitamina C.





Al volver a la cocina he preparado dos litros de limonada con un poco de azúcar de caña y unas hojas de menta fresca. Siempre hay alguna botella en el frigorífico esperando.

Mientras la hacía he recordado algo que muchas veces tengo presente:

“Si tienes un limón, hazte una limonada… porque mañana no sabes si podrás.”






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