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dimarts, 24 de setembre del 2019

ZAGREB, CAPITAL DE CROACIA, “HVALA” (Gracias)




Había sido un día de tránsito, duro en kilómetros y mala meteorología. Los quinientos y pico kilómetros que separan Dubrovnik de Zagreb los hicimos casi seguidos, por autopista y bajo una tormenta muy oscura de fuertes lluvias torrenciales.
Quizá por todas estas circunstancias, al llegar cerca de la capital de Croacia,  mi primera impresión fue de zona muy desgastada, con edificios agrietados, malas hierbas entre algunas ruinas… Se podía apreciar aún que Zagreb había padecido una guerra hacía unos años.


Cansados del viaje y  oscurecida la noche, entramos en el primer hotel que encontramos. Hotel tranquilo, rodeado de jardines, poca gente, habitación rococó, buen almuerzo… un “lujo” para nosotros. Fue un extra en  ese viaje.

Al día siguiente el tiempo dio una tregua y amaneció un día hermoso. Nos acercamos al centro en nuestra furgo “W Carmelita”, que siempre está dispuesta a transportarnos.
Nos habían avisado que hay que estar alerta con los tranvías porque las vías sirven también para la circulación de los coches. Algunos cruces son peligrosos. Como la ciudad baja de Zagreb se puede visitar perfectamente a pie, y a la ciudad alta es difícil llegar en coche, lo mejor es aparcar y seguir andando. Fue fácil aparcar

Los tranvias azules de Zagreb


Un poco de historia

Aunque hay huellas de vida prehistórica en torno al río Sava, su nombre  no se menciona en textos escritos, hasta 1094, año de la fundación de la diócesis de Zagreb. Por estas fechas se comenzó a construir su Catedral.
Al principio se trataba de dos poblaciones vecinas: Gradec (hoy ciudad alta) y Kaptol. Estaban separadas por un arroyo, el lugar donde se ubica la actual calle Tkalciceva. Fueron los mongoles (en 1242) quienes las invadieron y, una vez expulsados estos, se crea una especie de ciudad-reino como asentamiento de artesanos y comerciantes.
Durante el s XVII ambas ciudades se unen en una sola. Esta nueva ciudad se llamará Zagreb.
En 1991 se convirtió en la capital de la República independiente de Croacia.

Hay una leyenda que relata que esta región era muy árida y, en una ocasión, el virrey para dar de beber a sus hombres y a los caballos, hundió la espada en la seca tierra. El agua brotó. El virrey gritó a los soldados: “Zagrabite” (Tomad), y a una chica que estaba cerca: “Mando, duso, zagrabi” (Manda, cariño, toma). Así recibió su nombre la ciudad.



¿Que visitamos en la ciudad de Zagreb en dos días? 


Zagreb está dividida en dos grandes zonas. La zona del casco antiguo o Ciudad Alta (Gornij Gtad), que acoge los antiguos barrios de Gradec y Kaptol, situados sobre una colina; y la zona más moderna o Ciudad Baja (Donji Grad) situada sobre una llanura.


Caminando hacia la Ciudad Alta (Gornij Gtad)

Nosotros dimos el pistoletazo de salida a la ruta en la plaza Jelacic (Ban Jelacic Trg), verdadero centro de la ciudad, donde se unen la ciudad antigua y la moderna. Es punto de encuentro para los ciudadanos locales y un constante paso de tranvías como telón de fondo. La plaza está dedicada a Josip Jelacic, ban –héroe croata del s XIX, importante por haber abolido  la servidumbre y convocado las primeras elecciones a Cortes. Su estatua se encuentra en el centro.

Plaza Jelacic

Justo al norte de esta plaza, situado en lo que fue el corazón medieval de Kaptol se encuentra el Mercado Dolac rodeado por un entramado de calles estrechas. Un gran número de sombrillas rojas nos anuncian que ya hemos llegado. El Mercado se abrió en 1930 y nadie pudo pensar entonces que se convertiría en punto de encuentro favorito para los que buscan alimentos frescos de proximidad y ración diaria de comadreo.
A nosotros nos pareció una Croacia en pequeño porque hay quesos y natas frescas de Zagorje, cerezas de los alrededores de Zadar, limones de la isla de Vis…

Mercado Dolac y torres de la Catedral de San Esteban al fondo

Mercado Dolac y Torre de Santa María

Muy cerca del Mercado Dolac esperaba nuestra visita la hermosa Catedral de San Esteban, consagrada a la Virgen de la Asunción, del s XIII. Construida y reconstruida varias veces. Es la construcción de arte-sacro croata más grande. Sus altísimas torres (105 m) son orientación para el viajero porque sobresalen de todos los edificios.

Como curiosidad para los amantes de la historia hay una inscripción en alfabeto glagolítico (que es anterior al cirílico) en la pared norte de la catedral.
Desde este lugar vemos las hermosas torres de la Iglesia de San Francisco y de Santa María

Torre de Iglesia de Santa María

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Callejeando por la calle de Tkalčićeva se llega casi sin querer a la otra calle paralela, la calle Radićeva que es una peatonal de lo más pintoresca, con abundantes bares y restaurantes donde pasar un buen rato. Antaño, esta calle era el arroyo que dividía los dos pueblos viejos, Kaptol y Gradec.

Allí encontramos la  Puerta de Piedra  que es la única que se conserva de las cinco construidas en el s XIII. En 1731 un incendio destruyó totalmente las casas colindantes. Sólo se salvó una pintura de María y el Niño que, con el paso del tiempo, se ha convertido en centro de devoción para los habitantes de Zagreb. Está en una capilla en el interior.

Puerta de Piedra


Caminando más allá de la Puerta de Piedra  por fin apareció  la preciosa Plaza de San Marcos. Tres edificios elegantes e históricos  la rodean: el Edificio del Parlamento, el Palacio del Ban y la Iglesia de San Marcos.
Esta última es del s XIII y reconstruida en el XIX. Fue entonces cuando se cubrió con un tejado de tejas vidriadas de colores llamativos que forman dos escudos representando el reino formado por Croacia, Dalmacia y Eslavonia, y el escudo de la ciudad de Zagreb a la derecha.
También cuenta con otro elemento diferencial y que le da un valor añadido, su Campanario original del s XVII de estilo barroco. Es una obra única, casi como un icono de país.

Iglesia de San Marcos


Luego volvimos a descender hasta la torre de Lotrščak que formaba parte de la fortificación militar de Gradec. Es una de las construcciones mejor conservadas del antiguo sistema de defensa de la ciudad. En su interior se encuentra el cañón de Gric que suena todos los días a las doce en punto.

Hay dos historias detrás:

Una nos dice que tenía un campanario que sonaba por las noches para avisar a los habitantes que las puertas cerraban y que debían regresar. Otra dice que suena el cañón de la torre para celebrar que fue un cañonazo el que salvó a la ciudad del ataque de los Otomanos. Según nos contaron, el disparo original fue a caer justo en el plato del dirigente del ejército otomano, que, aterrado después de ese incidente abortó el ataque a la ciudad.


Desde allí se puede bajar a la parte nueva de la ciudad por el paseo Strossmayer, un bonito camino rodeado de árboles y con puestos de artesanía y pintores que recuerda a Montmartre de París.

A estas alturas de la visita había que descansar no sin antes pasar por los miradores, uno en el paseo de Strossmayer y el otro desde una terraza que hay a la derecha de la Iglesia de Santa Catalina de Alejandría. Allí se puede disfrutar de las vistas de la ciudad desde la parte alta. Fotografía y ¡adiós!
Debajo de la Torre de Lotrscak hay un funicular que  desde 1890, une la Ciudad Alta y la Ciudad Baja. En una pista de 66 m de longitud es el funicular más corto del mundo.

Funicular más corto del mundo

 



A pesar de que no tenía hambre porque sólo quería descansar en sábanas blancas, nos atrevimos con una sopa típica gulash y dos tipos de enrollados, (el strukli y el burek) rellenos de huevo y queso el primero; y con carne y queso fresco el segundo. 



Caminando hacia la Ciudad Baja (Donji Grad)

En el s XIX, cuando el espacio en la zona alta empezó a escasear y la ciudad estaba en pleno apogeo, se decidió construir más allá. La planificación de los espacios se hizo tomando como modelo otras ciudades europeas. Se abrieron grandes avenidas organizadas en cuadrículas y parques que ocupaban manzanas sin casas.
Como siempre ocurre, la gente con mayor fortuna hizo construirse  palacetes y el resto se conformó con casas más sencillas.
Observamos algunas de estas edificaciones restauradas que contrastaban mucho con otras que no han recibido un lavado de cara nunca.


La calle Ilica es una de las calles más largas de la ciudad (5,66 km), es la calle de compras con excelencia, de marcas nacionales e internacionales; algo así como el Paseo de Gracia de Barcelona o Campos Eliseos de París.
Vimos auténticos productos “made in Croatia” como la corbata, la pluma estilográfica, vinos y las galletitas de pimienta, 



En esta Ciudad Baja se encuentran muchos Museos y Galerías de Arte, como el Museo Mimara, la Galería de los Maestros Antiguos, el Museo Arqueológico, el Museo Etnográfico, el Museo de Arte y Artesanía, la Galería de Arte Moderno y el Pabellón de Arte. En definitiva un gran  circuito artístico. Dejamos los museos para otra ocasión.


Para los amantes de visitar tranquilamente jardines, en Zagreb hay ocho parques adyacentes que rodean las principales plazas públicas del distrito bajo y forman una pintoresca ruta a pie por los principales lugares de interés.
Dejamos la capital de Croacia sin poder visitar el Cementerio de Mirogoj que había sido recomendado por otros viajeros.



"Cosicas” sobre Zagred

  • Por encima de la plaza del Virrey Josip Jelacic, en el principio de la calle Ilica está el Rascacielos de la Plaza, que es el primer edificio comercial de este tipo en Croacia. Su piso 16 está abierto al público como mirador
  • La Panadería Mlinar es una franquicia que encontramos no sólo en Croacia, sino en Eslovenia y Bosnia. Venden dulces y salados con mucha calidad y precio bueno.
  • Las terrazas son muy coquetas y están muy bien cuidadas Da igual en que zona nos encontremos, allá donde se mire, se ve algún café o bar para hacer una pausa en ruta
  • Si viajas en pareja y quieres cerrar tu candado del amor, hazlo en la Ciudad Alta al pie de la Torre de Lotrščak.
  • Al romántico ambiente que se vive en la Ciudad Alta al anochecer. Las 214 luces de gas que ya alumbraban hace 150 años, cada día las encienden “faroleros”.
  • El plato emblemático es el “strukli”, adaptable a cualquier situación. Pasta filo preparada añadiendo fruta o verdura a carne asada o huevos, queso o nata: versión salada o dulce. 


¡DOVIDENJA,  ZAGREB,
                                 NOS QUEDAN TANTAS COSAS POR VER…!



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dijous, 15 d’agost del 2019

LA COSTA DÁLMATA, LA DE LAS MIL ISLAS




Ciudades venecianas de piedra. Vestigios romanos. Playas de aguas transparentes, azules y verdes. Palacios imperiales. Un montón de islas. Gastronomía mediterránea. El sol luciendo a diario. Todo el tiempo del mundo. Una furgoneta marchosa y un “jubileto” cariñoso a mi lado… ¿Qué más se puede pedir?
Veníamos de recorrer la Península de Istria con una mochila llena de buenísimas sensaciones. Teníamos ya las imágenes de lo que podía ser Croacia al completo. Mapa en mano, en el camping de Bakarac, en el comienzo de esta costa, decidimos que recorreríamos de norte a sur esta franja de más de 2.000 km de longitud. El interior lo dejaríamos para la vuelta.


La costa dálmata está alineada junto a decenas de islas pequeñas  y otras más grandes; por este motivo la llaman “la costa de las mil islas”. Si a eso le añades playas de aguas cristalinas y abundante vegetación en armonía con el mar, comprenderás que nuestro camino nos obligaría a escoger entre parar a cada paso para ver ese mar tamizado de islas o seguir para descubrir la siguiente ciudad.

Había que elegir. Decidimos una visita de un día, con noche incluida, a una sola isla, la isla de KrK que fue la primera que encontramos. El nombre de esta isla no se me olvida porque encontré raro un nombre sin vocales.




La isla de Krk es la más grande de toda la costa dálmata croata y también una de las más conocidas del turismo alemán y austríaco. Parece ser que el turismo español e italiano se decanta más por Hvar o por Korcula. Está muy bien comunicada ya que un puente de peaje la une con tierra firme. (Nos dijeron que ese puente presume de estar en el libro Guinness de los records porque tiene el arco de cemento más grande del mundo).
Apenas cruzar el puente, circulamos en medio de unas montañas rocosas y luego… el mar, ese maravilloso mar  bajo un cielo azul que enamora.

Pernoctamos en una “sobe” (habitación particular con desayuno, en croata, algo así como un bed and breakfast inglés).
La casa resultó una maravilla; todas las habitaciones con terraza y playa privada solo para nosotros.





Seguimos ruta pasando por pueblos tranquilos con puertos pesqueros mediterráneos, con casas de color claro y edificios más grandes de piedra, con campanarios al más puro estilo veneciano.

Uno de estos lugares  fue Senj,  pequeña y turística población costera donde solamente disfrutamos de la imagen de un castillo-fortaleza y un aperitivo en el puerto.


El objetivo del día era llegar a Zadar, buscar alojamiento y sentarnos en las gradas del muelle para ver el atardecer más hermoso del mundo. (Había leído en una revista que el propio Alfred Hitchcock lo había dicho).
Podíamos haber llegado cómodamente a Zadar por la autopista nueva que recorre el país de arriba abajo como una espina dorsal, pero  era más romántico hacerlo por la antigua carretera de la costa.
Esta decisión nos pasó factura porque la carretera que serpentea, el mal estado de algunos tramos, el tráfico y unos nubarrones oportunos se confabularon y no vimos la puesta de sol en Zadar.


Por cierto, cenamos bien en un local del barrio conocido por El Borgo (Borik).

La cocina croata tiene todos los ingredientes de la mediterránea y, a lo largo de la costa, hay que optar por los pescados. En la mayoría de restaurantes los pescados se ofrecen en vitrinas a la entrada del local. Son especies muy locales que es imposible traducir ni encontrar en otro lugar.
El plato típico es el “brodet”, hecho con arroz, pescado y cangrejos, caldoso; algo así como una caldereta.





Zadar es un antiguo asentamiento ilirio de hace más de 3.000 años. Es una ciudad bonita y muy viva, sobre todo su centro histórico  que está en una antigua fortaleza veneciana, que se mete en el mar Adriático formando una pequeña península.
En la ciudad encontramos el Foro más grande encontrado a orillas del Adriático, iglesias románicas medievales y la catedral más pequeña del mundo. Me gustó la Iglesia de San Donato de planta  circular que fue construida con sillares y trozos del foro romano.



Sibenik es otra de las ciudades importantes de la costa croata y dista unos 70 km al sur por lo que hay que calcular más de una hora si circulas por la carretera de la costa. Pasamos de verla y, ahora mismo, no recuerdo el porqué. Quizá estábamos impacientes por llegar a la bella Trogir, a unos 60 km más desde Sibenik.


Llegamos a Trogir al caer la noche y caminando por las callejuelas tenuemente alumbradas y rodeados por las murallas que la protegen, una se siente transportada a la edad media. Aquí sí que merece la pena tomárselo con calma.
Trogir ocupa una isla pequeña unida a la costa por un puente que hay que atravesar como entrada. (Se puede aparcar en una zona del exterior). Entras en el centro amurallado y ves edificios  medievales, iglesias románicas, palacios y un castillo. Trogir recuerda uno de esos lugares que el viajero Marco Polo describía en sus libros.
Los croatas dicen que Marco Polo nació en la cercana isla de Korcula, aunque lo único que está demostrado históricamente es que allí fue detenido por los genoveses, y que en una celda de Génova escribió sus famosos viajes.
Todas estas curiosidades las leía en un folleto turístico mientras esperábamos nos trajeran una pizza en una terraza de la Piazza, enmarcada por la Catedral, el Ayuntamiento y la Logia del antiguo mercado. ¡Todo un lujo para recordarlo ahora!
Un nuevo día amanecía y de nuevo en marcha con nuestra “Carmela”.






El trozo de litoral que recorrimos, la llamada Riviera Makarska nos recordaba el paisaje de la Costa Azul francesa.
Paramos en Makarska, un pueblo muy pintoresco, pero cerca, dicen que hay otros pueblos más pequeños y escondidos que merecen más la pena la visita.




Los más de 150 km que faltaban para llegar a Dubrovnik los hicimos rápidos porque estábamos impacientes por llegar a “la perla del Adriático”.

Si hacemos un pequeño  apunte histórico tenemos que fue fundada por romanos en el s VII, luego fue bizantina, veneciana y eslava. Pero pasó a ser independiente en 1384 y adoptó el nombre de Ragusa. Al igual que Venecia o Génova fue una República marina con una importante fuerza naval que la hizo rica y poderosa.
Sin embargo Dubrovnik es casi un milagro porque sobrevivió a dos penosas coyunturas: en 1667 un terremoto la dejó en ruinas, y en 1991 durante un año, aguantó más de 2.000 bombas serbias que cayeron sin piedad. Más tarde, toda Europa participó en su reconstrucción y ahora luce de nuevo hermosa.

El casco antiguo es un museo al aire libre; ya sé que esto se dice de muchos lugares, pero de Dubrovnik lo digo en el amplio sentido de la frase: una arquitectura que es arte puro, que se llena de turistas por la mañana y que queda sin actividad de noche cuando marchan los cruceros; lo dicho, un museo.
Entramos por la Puerta de Pile atravesando un puente de piedra colgado sobre el antiguo foso de las murallas. Esta es la entrada histórica. Luego se accede a la Plaza de Fuente Grande  y a la calle principal que atraviesa la ciudad de este a oeste.

Dubrovnik es una ciudad cerrada al tráfico donde, además, todo está a cinco minutos andando.
No hace falta llevar ningún plano porque todos los palacios, la catedral y las otras casas nobles están a la vista. Luego están las calles paralelas, estrechas y empinadas, llenas de rincones curiosos. Y por último la impresionante Muralla que abraza la ciudad, con dos kilómetros de recorrido, totalmente accesible, con escaleras  y cuestas no tan sencillas de caminar.

Durante el recorrido nos encontramos con varias torres: la torre Minceta, que ampara el norte de la ciudad de cualquier invasión, el fuerte Lovrjenac, que protege el lado occidental, la torre Bokar, que respalda la puerta Pile, y el fuerte Revelin, que salvaguarda la entrada oriental.
Vale la pena recorrer todo el perímetro de esta fortaleza porque ofrece unas estupendas vistas y la posibilidad de unas hermosas fotografías a los tejados rojizos con el mar al fondo.

Terminó la hora de los “cruceros”, era nuestra hora. Nos acercamos caminando relajadamente por el paseo marítimo y nos sentamos en un banco para ver el ir y venir de barcos pequeños. Las luces amarillas de la ciudad se habían encendido, el espectáculo era hermoso.
Cenamos en un restaurante al lado del mar y probamos especialidades de la región. Luego paseamos por esta parte poco concurrida de la ciudad comiendo un helado.









Al salir de Dubrovnik aparece el perfil de las islas Elaphite, apenas separadas unos kilómetros de tierra firme; justo detrás sobresale la isla Mljer, declarada Parque Nacional. Son las islas más meridionales de esta costa dálmata.



Rumbo a Zagreb, desde este punto, nos despedimos de este mar que nos ofrecía la imagen tal como era hace muchísimos años, limpio, azul, verde y transparente.







dilluns, 22 de juliol del 2019

ISTRIA LA PENÍNSULA EN FORMA DE CORAZÓN




Salimos de Barcelona una madrugada del primer mes de setiembre  libre de horarios y obligaciones laborales. Nuestra vida de trabajo como docentes había terminado.
Nosotros, los dos “jubiletos”, con la mochila llena de ilusiones y nuestra “Carmelita” atiborrada de todo el aprovisionamiento  necesario para pasar un mes de viaje, comenzábamos ruta.
Ilusión, alegría, satisfacción, entusiasmo,…, pero también miedos, incertidumbre y temores por lo que podía pasar.


Cruzamos la costa mediterránea francesa y el norte de Italia para entrar por la localidad italiana de Triestre, y comenzar una aventura por los países balcánicos.
Aquí dejo mi relato de las primeras jornadas de nuestro recorrido que empezó en la península de Istria.


Istria  fue el primer gran descubrimiento del viaje.  Esta península  está inmersa en el azul y transparente mar Adriático. Es un territorio pequeño, pero heterogéneo, que arropa pintorescos pueblos y hermosas ciudades medievales donde se respira la verdadera esencia del Mediterráneo que tanto nos gusta.
Al poner los pies en ella se intuye tierra de tránsito. Edificaciones  aquí y allá que nos hablan de conquistadores romanos, bizantinos, venecianos, franceses, italianos, alemanes, yugoeslavos… y, últimamente, de otro tipo muy peculiar de invasores: los turistas.
La Península de Istria está dividida entre tres países diferentes. La parte más grande corresponde a Croacia, Eslovenia administra la zona norte e Italia ha conservado un pequeño trozo. A pesar de esta diversidad, la mayoría de istrios se consideran simplemente, istrios.

Izola


Piran


Piran

Piran



La zona eslovena de Istria

El primer contacto con esta Istria azul lo tuvimos en un hermoso lugar de la costa que hacía presagiar lo que encontraríamos más adelante. Me refiero a Izola con estrechas y sinuosas callejuelas e “indiscretas” casas adosadas que consiguen “aislar” en la cima la enorme Iglesia de San Mauro.
La siguiente localidad que visitamos fue Piran que, de los pocos pueblos costeros eslovenos, fue el que se llevó todos nuestros aplausos.
Se dice que es una ciudad ardiente porque Piran proviene del griego pyr (fuego) y, en tiempos lejanos, los barcos eran orientados mediante antorchas que servían de faro. Nos encantó ese pequeño centro histórico con mayoría de casas gótico-venecianas, sus playas cristalinas y el ambiente marinero que se respira.

Motuvan

¿Hacemos una incursión al interior de Istria? 

El interior de la península es un bosque mediterráneo que se conserva bastante entero. Notas ese ambiente relajado y tranquilo que proporciona disfrutar de una buena sombra en un día caluroso. Entre esos bosques destacan los grupos de piedra gris de pequeños pueblos medievales. Motuvan es un buen ejemplo.  Todo el pueblo es un monumento que conserva intacta la imagen medieval. Colocado sobre una colina parece vigilar el valle del río Mirna. 


Durante todo el viaje, a cada paso, encontramos carteles en las casas con la palabra “sobe” (habitación en croata); eso permite viajar por el país  sin tener reservado ningún alojamiento. Alojarse en casas particulares permite un contacto más directo con la población local y es más económico. En Motuvan nos estrenamos.

Hablando también un poco de la gastronomía, probamos, como siempre hacemos, recetas locales. Los platos del menú eran casi todos de pasta  italiana mezclada con salsas elaboradas con el producto más preciado de la zona, la trufa. Comer unos nyoquis con salsa de trufa es un plato obligado, y acompañados de vino joven istrio.




De vuelta a la costa

Nuestra ruta se trasladó de nuevo a la costa, en dirección sur y ya territorio croata.
Llegamos a uno de los lugares con más concentración de monumentos históricos por metro cuadrado: Porec.

El centro de Porec conserva aún la antigua estructura de calles de la época romana. El tesoro mayor es la basílica eufrasiana del s VI con mosaicos de la era del emperador Justiniano, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y con la finura y belleza del pan de oro en todos los interiores.

Siguiendo trayecto hacia el sur se puede disfrutar de playas que vas encontrando a la orilla de la carretera. Paras la furgoneta en el arcén y, a continuación, baño en diminuta cala de piedras redondas. Y así en toda la carretera que bordea la costa istria.

Después se llega a Rovinj, quizá la ciudad con más encanto de toda la península y buena parte de Croacia. Te encuentras calles adoquinadas, inclinadas, que resguardan a los habitantes de vientos marinos, casitas de pescadores con balcones con flores, pequeños restaurantes cerca del mar, un puerto precioso y playas cristalinas. A todo esto hay que añadir la torre de la Iglesia de Santa Eufemia que domina el paisaje. 

Finalmente llegamos al punto más meridional e importante de Istria, que es la ciudad de Pula. Una ciudad de tamaño cómodo, peatonal en muchos tramos, cosmopolita, joven, moderna  y que resume perfectamente el espíritu europeo que ha surgido después de la última guerra.
La parada obligatoria es, sin duda, el Coliseo Romano construido en el s I  y que está muy bien conservado. Dicen que llegó a albergar durante los espectáculos de gladiadores a 20.000 vociferantes personas. Imprescindible ver también el Foro, el Templo de Augusto y la Catedral de 1640, en la que se observa un curioso reciclaje de edificios romanos (el campanario está hecho con piedras del anfiteatro).

Porec

Porec

Rovinj


Rovinj
Anfiteatro de Pula

Circulando ya por la costa este de Istria

En el lado de la costa este se encuentran pueblos pequeños, la mayoría con edificaciones nuevas destinadas a acoger turistas.
Merece la pena parar en Opatja, pueblo pesquero que guarda el encanto de los sitios de vacaciones de la Belle Epoque y sigue siendo atractivo para austríacos e italianos que buscan inviernos suaves, buena comida y encanto a raudales.

Repusimos fuerzas comiendo en un “konobas”, que son lugares donde se puede comer bien cocina del lugar y a un precio bajo.

Cuando los viajeros llegan por estas latitudes se les ve consultando el mapa mientras sus rostros articulan gestualmente la pregunta: ¿hacia dónde?
Nosotros sí tuvimos respuesta; nuestro camino continuaría hacia el golfo de Kvarner y, más allá, hacia Dalmacia, el litoral central de Croacia.


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