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diumenge, 26 de juliol del 2026

55 años ... y sigo sin soltar tu brazo

 




Aquel 27 de julio, hace ya 55 años, te prometí que no soltaría tu brazo.

Y hoy, después de todo lo vivido, sigo queriendo cumplir aquella promesa.





Si un día caigo, caeremos juntos… y juntos volveremos a levantarnos.

Si tropiezas, ahí estaré.

Y si alguna vez el mundo decide ponernos otra vez a prueba, lo afrontaremos como siempre lo hemos hecho: uno al lado del otro.





No hemos sido una pareja perfecta. Hemos sido una pareja de verdad, con días luminosos y otros más difíciles.

Pero si algo hemos hecho bien durante estos 55 años ha sido formar un gran equipo.






Y mientras la vida nos deje caminar, aunque sea más despacio, seguiré sujetando tu brazo.



















Hasta el final de ese largo camino








A mi Jubileto. Gracias por estos 55 años. Sigamos caminando, de la mano, un día más.




dijous, 21 de maig del 2026

Un ramo sobre la mesa ( mi aportación al taller de escritura)




Esta mañana me he levantado más tarde de lo normal y me esperaba una sorpresa muy entrañable. De esos pequeños detalles que llenan el día de cariño sin hacer ruido.

Joseph me había dejado un sencillo ramo verde de hierbas aromáticas en un jarrón, encima de la mesa de la cocina.

Mi rutina de cada mañana es preparar el almuerzo como si fuera a recibir en la mejor mesa a unos invitados queridos: zumo, pan tostado, mantequilla, mermelada casera y mi jamoncito ibérico con aceite de nuestras arbequinas. Después, café caliente y sin azúcar.

El ramo ha presidido la mesa durante todo el desayuno.

—Es mi gesto por tantos detalles que tienes conmigo —me ha dicho.

Y yo he pensado que mi pequeña escapada de hoy, cámara en mano, sería al rincón de las aromáticas.

Después de varios días en los que cada tarde cae un buen chaparrón, las plantas están exultantes. El sol y la lluvia forman una danza maravillosa que lo transforma todo.

La menta, el tomillo, la salvia, la lavanda y la hierba luisa han crecido muchísimo.

Todo listo para llamar a mi hortelano.





Joseph había podado un poco para que las aromáticas no se desmadraran y, al remover la tierra, el aire se ha llenado de perfume.

Entonces he pensado que quizá deberíamos guardar esos aromas en pequeñas bolsitas atadas con un lazo lila —del color de la lavanda— y regalarlas a todas las personas que queremos.

Porque hay afectos que también huelen a hogar.

 

 

 

 


dimecres, 13 de maig del 2026

El limonero que nos acompaña

 


Esta mañana he salido al huerto para recoger un puñado de ajos tiernos que necesitaba para la cocina. Ya os digo que Jubileta no es una gran cocinera.


Lo primero que he pensado al arrancarlos es en ese dicho tan antiguo que asegura que “los ajos quieren ver la cara de quien los planta”. Se dice porque deben plantarse poco profundos, dejando siempre una parte fuera de la tierra.



El ajo tierno no es más que la planta joven del ajo y ahora está en su mejor momento. Además de sabroso, dicen que es depurativo, diurético, antiséptico y antibacteriano. Vamos, un pequeño tesoro de la huerta.

En mi paseo de esta mañana he tenido también la sensación de que el limonero me saludaba. Después de la fuerte lluvia de ayer había dejado limones en el suelo y muchos pétalos blancos esparcidos alrededor.



Son las flores del azahar, que al anochecer desprenden un aroma capaz de despertar todos los sentidos.

Cámara en mano, ya tenía algo que contar: la vida de nuestro limonero.

No recuerdo cuándo lo plantamos porque hace muchos años que forma parte del jardín de nuestro hogar y también, de alguna manera, de nuestra vida.



Pertenece a la familia de los llamados “luneros”, esos limoneros que florecen varias veces al año. A veces tiene flores, frutos pequeños y limones maduros en la misma rama, como si no quisiera detener nunca el paso de las estaciones.

A lo largo de los años ha soportado calor, tormentas, vientos fríos e incluso alguna nevada. Pero también ha vivido hermosas primaveras que devuelven el verde intenso a sus hojas y parecen hacerlo feliz.




En casa nunca faltan los limones. Son buenos aliados contra gripes y resfriados gracias a su vitamina C.





Al volver a la cocina he preparado dos litros de limonada con un poco de azúcar de caña y unas hojas de menta fresca. Siempre hay alguna botella en el frigorífico esperando.

Mientras la hacía he recordado algo que muchas veces tengo presente:

“Si tienes un limón, hazte una limonada… porque mañana no sabes si podrás.”






dilluns, 4 de maig del 2026

El calabacín y las pequeñas escapadas






Esta primavera mis escapadas viajeras se han reducido a paseos por el pequeño huerto doméstico y por el jardín que vigila, desde fuera, nuestro hogar. Hago fotos y voy aprendiendo mucho de Joseph, que lo tiene todo cuidado, ordenado y coqueto, aprovechando cada palmo de la poca tierra que tenemos.

Hoy, nuestro noble acompañante culinario será el calabacín, del que hay mucho que decir.



Cultivarlo es especialmente sencillo. Es una planta humilde, agradecida, ideal para quienes nos iniciamos en esto del huerto y todavía miramos la tierra con más ilusión que experiencia.

Si uno se pone a buscar su procedencia, aparecen distintas versiones, pero lo que sí parece claro es que estamos ante una de las especies más antiguas domesticadas por el ser humano. Quizá por eso se adapta tan bien a nosotros… o nosotros a ella.



Lo primero que sorprende es su generosidad. Es, sin duda, una de las plantas más productivas que podemos cultivar. Con cinco o seis matas puedes llegar a saturar —con cariño— a familia, vecinos y amigos de calabacines durante toda la primavera y el verano. Por suerte, en casa nos encantan en crema, en tortilla o en puré.



En cuanto a su aspecto, solemos reconocerlo por ese verde oscuro brillante, aunque también los hay más claros e incluso redondos, casi caprichosos.



La planta es rastrera: sus tallos recorren la superficie del suelo con discreción, ocupando su espacio sin alardes. Es compacta y no suele superar el metro o metro y medio. Puedes dejarla extenderse libremente o guiarla con mimo, según el orden que quieras darle al pequeño caos del huerto



Sus hojas, grandes y abiertas como manos, tienen algo especial. Al tocarlas descubro que son suaves por arriba, pero ásperas por debajo, con bordes ligeramente dentados, como si quisieran recordarte que la naturaleza también tiene carácter.




Y luego están las flores. De un amarillo que va del sol al anaranjado, son un pequeño espectáculo diario. No pasan desapercibidas para las abejas, que van y vienen felices, llevando el polen de la flor macho a la hembra, haciendo su trabajo silencioso del que depende todo lo demás.



Al calabacín le gusta el calor. Se siembra en marzo, primero en bandeja, y después se trasplanta con su cepellón a la tierra. En apenas un par de meses empieza a regalarnos sus frutos, como quien cumple sin demora con lo prometido.




Además, es generoso también por dentro: aporta vitamina C, varias del grupo B (B1, B2 y B6) y minerales como potasio, magnesio, calcio o fósforo. Tiene mucha agua, pocas calorías y una buena cantidad de fibra. Vamos, que además de fácil, es agradecido en todos los sentidos.



Y así, casi sin darme cuenta, estas pequeñas escapadas entre hojas y flores se han convertido en uno de los mejores viajes de esta primavera.

El calabacín crece sin hacer ruido, generoso, como si no supiera hacer otra cosa que dar. Y nosotros, mientras tanto, aprendemos a mirar más despacio, a esperar, y a agradecer.

Mañana volveré al huerto, cámara en mano… por si hay algo nuevo que contar.





divendres, 24 d’abril del 2026

LLIBRES QUE BUSQUEN CASES, ROSES QUE DIUEN TOT




Vista, oïda, olfacte, gust i tacte… tots els sentits es posen d’acord cada 23 d’abril a Catalunya. És difícil explicar-ho si no ho has viscut, però tot s’omple d’una alegria especial, com si els carrers respiréssin diferent.

Pobles i ciutats es converteixen en jardins i llibreries a l’aire lliure. I nosaltres, sense adonar-nos-en, acabem fent sempre el mateix ritual… i ens encanta repetir-lo.


Aquesta “Jubileta” ha estat matinera. Ben d’hora ja tenia a les mans els llibres encarregats: un per mi, un altre per en Joseph i un de viatges per compartir. I en Joseph, “Jubileto”, m’esperava amb les millors roses del jardí. No sé si hi ha tradició més senzilla… ni més bonica.



He de confessar que fins fa no gaire no tenia gaire clara la història de Sant Jordi. Sabia el drac, la princesa i la rosa… però poca cosa més. I mira, buscant una mica, resulta que darrere del mite hi ha un soldat romà, nascut a Capadòcia al segle III, que va acabar morint màrtir per la seva fe.

Però, sincerament, el que ens ha quedat a tots no és això.

El que ens ha quedat és la llegenda.



Aquí, a Catalunya, la història ens porta fins a Montblanc. Un drac terrible, un poble anguniat i una princesa escollida per sorteig. I quan tot semblava perdut, apareix un cavaller, lluita, venç… i de la sang del drac en neix un roser de flors vermelles.

La història no cal que sigui veritat. Només cal que sigui bonica.

I jo sempre he pensat que la història no s’acaba aquí. M’agrada imaginar que, un cop acabada la batalla, Sant Jordi es treu l’armadura i, per fi, respira. I que aquell dia, entre música i gent, també hi va haver temps per riure, per ballar… i potser sí, sobretot per ballar amb la princesa.

Perquè al final, Sant Jordi és això: carrers plens, gent que somriu, llibres que passen de mà en mà i roses que diuen el que a vegades costa explicar.


La celebració no pot ser més simple: passejar, triar un llibre, comprar una rosa… o totes dues coses, i regalar-les.




Cada any penso el mateix: els llibres són com fills adoptius buscant casa. I aquest dia, entre paradetes i presses suaus, sempre n’hi ha algun que et troba a tu.

O potser ets tu qui el troba a ell.




dilluns, 2 de febrer del 2026

Quan la música torna a emocionar (Dedicat a la Rondalla Puiggraciós)

 




M’ha encantat assistir avui a aquest concert de la nostra Rondalla, la Rondalla Puiggraciós. Potser perquè fa dies que no m’emociono amb les melodies com abans, o potser perquè hi ha músiques que no s’esgoten mai, encara que el temps passi. No ho sé.

Ahir mateix, a casa, les notes ja sonaven. Són les del meu músic més estimat, el Joseph, que assajava amb aquella concentració tranquil·la que només tenen els qui estimen de veritat el que fan.




Escoltar-lo sempre és, d’alguna manera, començar el concert abans d’hora. És recordar que la música també viu en aquests moments quotidians, sense públic, sense focus, només amb dedicació i constància.



Avui han començat els concerts del 2026, un any molt especial per a tots ells: la Rondalla Puiggraciós arriba als cinquanta anys de la seva fundació.

És mig segle de música compartida gràcies al seu profe, amic i company, en José Antonio Escriche (el Joseph)

La Rondalla va néixer del seu amor per la música popular, d'aquelles estones d'assajos i de la paciència per ensenyar.





El temps ha passat, com passa sempre, han canviat cares, mans, edats… però la música encara hi és. I això, per mi, és gairebé un petit miracle.

Cinquanta anys no són només una xifra, ho torno a dir, són persones, assajos, escenaris, nervis abans de sortir, i també la voluntat de mantenir viva una tradició que els defineix.




Assistir a aquest concert no ha estat només seure i escoltar. Ha estat formar part d’una història que continua, d’un llegat que segueix sonant amb cada acord. I potser per això m’emociona tant: perquè la música, quan és sincera, té aquesta capacitat de tornar-nos allà on tot va començar.



Avui, entre el públic, jo he escoltat molt més que melodies. He escoltat memoria, estima i futur. Potser en els últims dies estic més sensible …

També hem tingut una petita gran sorpresa: la nostra néta més petita, la Júlia, ha vingut a escoltar el seu avi per primera vegada.





diumenge, 10 d’agost del 2025

UN DIA AL MERCAT DEL PRÉSSEC D’ORDAL

 



Després de tant de temps sense visitar aquesta zona, per fi ens hem regalat una escapada al Mercat del Préssec d’Ordal. No sé què tenen aquests mercats que m'atrapen, pot ser el bullici tranquil de la gent, les converses a mitja veu entre les paradetes o aquesta aroma dolça que sembla abraçar-te a cada cantonada.

Sempre m'han agradat aquestes sortides d'un sol dia a llocs propers, les que surts d'hora, càmera en mà, sense presses i amb el pla clar: deixar-se portar. L'objectiu d'avui era senzill i deliciós:
"Omplir el cotxe amb unes quantes caixes de préssec d'Ordal per preparar la nostra melmelada casolana, que a l'hivern sap a l'estiu"

 



Caminar entre els llocs és un festí per als sentits. El color ataronjat dels préssecs brilla sota el sol, i l'aroma que desprenen és tan intens que gairebé pots assaborir abans de mossegar-los. Els pagesos t'expliquen amb orgull com la fruita ha madurat lentament a l'arbre, i no pots evitar emportar-te un parell per menjar al moment, amb el suc escorrent-se entre els dit







De tornada a casa, el maleter fa olor d'estiu i de tradició.

Sé que, quan en uns dies la cuina s'ompli del perfum de la melmelada bombollejant a l'olla, tornaré mentalment a les paradetes plenes de fruita, al somriure dels venedors i al plaer d'una escapada senzilla però perfecte.




📌 Recomanacions per visitar el Mercat de Préssec d’Ordal

Quan anar-hi:   El mercat se celebra els caps de setmana, entre principis de juny i finals d'agost, de 9.00 a 14.00 h.



• On és:   A la plaça principal d'Ordal, municipi de Subirats (Barcelona). Fàcil accés des de la N-340 i a uns 40 minuts de Barcelona amb cotxe.



. Què trobaràs:  Parades de préssec d'Ordal amb denominació d'origen, productes artesans (mel, melmelades, oli, vins del Penedès)



· Pla rodó:  Combina la visita amb una ruta per les vinyes del Penedès o un tast en algun celler proper.


· On menjar: Hi ha diversos restaurants i bars a Ordal i rodalies, ideals per tastar plats catalans amb producte de proximitat.




Ah! no oblideu comprar una coca de l'Ordal

dijous, 19 de juny del 2025

Entre flores y alturas: un paseo con mi jubileto por el Puerto de los Corrales

 



La intención de la salida de hoy era visitar otros dos pueblos bonitos de la zona norte de Burgos, Puentedey y Medina de Pomar. Decidimos que lo haríamos por carretera secundaria y subiendo un puerto de montaña, el de Los Corrales. Fue todo un acierto.


Los primeros pasos fueron de asombro. ¡Oh!, era como si la montaña hubiese decidido vestirse de gala para recibirnos.

La brisa nos traía aromas vivos. Las campanillas lilas se mecían suavemente, los ranúnculos abrían sus pequeños soles al cielo, y alguna mariposa, distraída, bailaba como saludándonos. 






Mi jubileto, con la mirada curiosa como siempre, no decía mucho, pero lo sentía igual que yo: emoción y paz.

La senda serpenteaba entre verdes intensos y mucha flor amarilla que era la predominante.






A cada paso, el ruido de los insectos, el zumbido de alguna abeja y un canto lejano de algún pájaro componían una sinfonía silvestre. Parábamos de vez en cuando, no por cansancio, sino por la necesidad de absorberlo todo: la inmensidad del paisaje, el silencio cargado de significado, la compañía mutua.



Mi jubileto me apretaba la mano de vez en cuando (¡cuanto me gusta que me la apriete!)

No hacía falta hablar. La montaña lo decía todo: lo pequeños que somos y, al mismo tiempo, lo inmensos que podemos llegar a sentirnos cuando nos fundimos con lo natural. Era una sensación de arraigo y libertad al mismo tiempo.

Llegamos a un claro donde el paisaje se abría. Desde allí, los campos se extendían hasta perderse en el horizonte y el cielo parecía más grande. Nos sentamos en una roca tibia por el sol y respiramos. El tiempo, por un momento, dejó de existir.



Esta imagen me encanta


Ese paseo entre flores silvestres por el Puerto de los Corrales no fue sólo una caminata.
 
Fue un encuentro profundo entre la tierra, el aire y nuestros propios corazones.
 Y sobre todo, fue nuestro. De Joseph y mío.













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