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dissabte, 18 de març del 2017

POR LAS TIERRAS TROLL NORUEGAS


Esto de las noches blancas hace que no tengas mucha idea de la hora que es cuando despiertas. El despertador suena cada día a las seis de la mañana para que de esta manera el día parezca más largo. Hay que pensar que el desayuno es como una comida, las distancias a recorrer son grandes, todos los comercios y lugares a visitar cierran a las cinco y la cena sobre las siete de la tarde. Después queda un espacio vacío que paseas, estás descansando en la habitación de tu alojamiento o de charla con otros viajeros.


Dormimos en la pequeña localidad de Hamar y nos dirigimos a Lillehammer que fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994. De este evento quedó un gran parque olímpico, pero no le veo el interés como destino turístico, ni parada en ruta. Está en un valle que bordea el lago Mjøsa que es el más grande de Noruega.


Siguiendo la cordillera Gudbrands nos adentramos en los valles y bosques de las llamadas Tierras Troll.
El paisaje es encantador, recuerda la Cerdanya francesa o las Tierras Vascas.
Vemos muchas casetas de madera entre los bosques de abedules, árboles predominantes en Escandinavia.
Nos cuentan que el color rojo en las casas es porque sus habitantes eran gente humilde, este color fue para las granjas. El color blanco en las casas dice que sus habitantes son ricos.
Ahora las casas las construyen pre-fabricadas y la energía que usan es la eléctrica a pesar de tener gas que exportan.


Por fin llegamos a Trondheim ciudad que se autodenomina la capital histórica de Noruega.
La temperatura ha bajado, estamos más al norte.
En las tiendas empiezo a ver los jerseys típicos noruegos que tanto me gustan. (Bonitos , pero no bajan de 3000 kr).
La ciudad se recorre en visita panorámica en una hora andando.


El monumento más visitado es la Catedral de Nidaros (antiguo nombre de la ciudad). Es la catedral medieval más septentrional del mundo, la más grande de Escandinavia y el centro de peregrinación más importante del norte de Europa.
Para mí fue más encantador el paseo por una calle que baja paralela al río y donde están las famosas casas de madera de colores que lo flanquean en este tramo.


La mejor foto se consigue desde el viejo puente de la ciudad que cruza el río en el sur de la calle. El puente con sus portales en hierro forjado pintado de rojo, resulta muy pintoresco. Me acordé mucho de las fotografías que hubiera hecho la viajera Stellina.


Nuestra ruta siguió hacia el oeste y volvemos a atravesar fiordos en ferry.
Comimos en Molde, pequeña ciudad al borde del mar, conocida como la "ciudad de las rosas". No nos llevaron a la entrañable isla de Onda, la más alejada y en mar abierto que dicen que conserva el aire tradicional de comunidad pesquera que tanto me gusta.


Nuestro hotel estaba en Alesud donde nos esperaba la "cama que abraza" cuando llegas. Así digo yo camas con funda nórdica que también las tengo en mi casa.


Alesud es una ciudad fantasma porque a las cuatro de la tarde ya no hay nadie por las calles, sólo turistas y alguna tienda de souvenirs con muñequitos troll, postales, gorras, bufandas y chaquetas de lana noruega.


Esta ciudad de pescadores y gente simpática es un destino agradable, a Joseph le encantó.
En 1904 un incendio arrasó las casas de madera y los alemanes, en tres años, construyeron 450 edificios todos en Art Nouveau o Modernismo que era la moda en toda Europa.


Si se sube a lo alto de la montaña Aksla hay un fantástico mirador con unas extraordinarias vistas de la ciudad y las islas de los alrededores.
No sólo alemanes, buscando el bacalao, habitaron esta zona, también españoles que ofrecían la sal necesaria para la salazón de este pescado. Por eso dicen que es aquí donde se encuentran muchos noruegos que son morenos, por el cruce de raza.


Antiguamente el bacalao lo ponían a secar los márgenes de los fiordos. Actualmente la industria bacaladera ya no salazona de esta manera.

Hay un dicho que dice que las mujeres noruegas para ser buenas cocineras deben saber preparar el bacalao de 365 maneras diferentes.


diumenge, 12 de març del 2017

SOGNEFJORD, EL FIORDO DE LOS SUEÑOS



El objetivo es llegar a Sogndal donde comeríamos y pasaríamos la noche.
Salimos de Loen y otro día soleado nos acompaña. Subimos por un puerto de montaña que tiene muchas pistas de esquí con muchas luces para poder esquiar en invierno, los días negros.
Pasamos por el hotel Karistova que fue refugio del rey Felipe y Eva Sannum, una de sus amigas cuando era príncipe.


Vimos rebaños de ovejas, rebaños de cabras con manchas de colores que no tengo ni idea de su significado, montañas con las cumbres aún nevadas, campos verdes y montones de flores sencillas que nos alegraban el recorrido.
Vimos gente en tiendas de campaña porque en este país la acampada es libre.


Pasamos por túneles de 6, 8 y 10 km, con zonas de luz en algunos tramos para romper la monotonía de la oscuridad dentro del túnel.
Por el camino encontramos una de las 28 iglesias de madera que aún se conservan. Son de madera negra, con tallas de dragones en las puertas para que no vengan malos espíritus.
En los campos adyacentes siempre hay un cementerio de estos tan sencillos que llaman tanto la atención.


Por fin llegamos a la estación del ferrocarril de Flam.
Este tren funciona todo el año, y tiene correspondencia con la mayoría de trenes diurnos entre Oslo y Bergen.
El viaje de Flan que parte del pequeño pueblo de Myrdal es increíble, atrae a gente de todo el mundo y ofrece vistas panorámicas sobre algunos de los paisajes más salvajes y grandiosos de la naturaleza noruega.
El trayecto dura aproximadamente una hora en un tramo de 20 km, pasando por 20 túneles que fueron perforados a mano.


Vimos ríos que se abren paso entre profundos barrancos, cascadas que se lanzan por laderas escarpadas con picos nevados y granjas de montaña que se agarran a las laderas empinadas.
De vez en cuando volvía la vista al interior de los vagones para ver el espectáculo que damos los viajeros, precipitándonos de un lado al otro del tren en busca de las mejores fotos.


Pero lo mejor del día estaba por venir: el Sognefjord o Fiordo de los Sueños.


Este fiordo es el orgullo de Noruega, abarca 204 km de largo, más de 1.000 m de altura en los muros de piedra natural de sus orillas y 1.296 m en su parte más profundo.
Todos los viajeros que subimos al barco que nos llevó de crucero de dos horas y media por el Fiordo de los Sueños, aceleramos el paso para coger una de las sillas que habían en la cubierta de arriba. Al cabo de un cuarto de hora, la mitad bajaron a la cubierta del medio y luego los más, entraron en la zona de cafetería que tiene amplios ventanales, para seguir disfrutando de las maravillosas vistas a cubierto. Y es que hacía frío, frío y viento.


Un viento fuerte que movía, de babor a estribor y viceversa, las sillas que quedaron desocupadas. Debo decir que valía la pena aguantar frío y viento para estar en primera línea de una de las grandes experiencias que ofrece Noruega.



No me pregunte cuantas fotos hizo Joseph, era un ir y venir: de babor a estribor, de proa a popa buscando el mejor encuadre del azul de las profundas aguas que contrasta con el verde fresco de las paredes cargadas de árboles.


A mitad de trayecto el fiordo se parte en dos brazos. Nuestro barco entró en el derecho, muy estrecho. Entonces, si estás delante, a proa, puedes imaginar que llevas el timón y que conduces hacia la salida del brazo estrecho. De repente, aparece el pueblo de Gudvangen. Final del trayecto.


De camino al hotel paramos en Voss, en la cascada de la juventud, de donde sale una de las mejores aguas de Noruega.


Recordé del agua de Voss, una botella de vidrio que tengo en la nevera de casa y que compré en una tienda de delicatessen porque me gustó el diseño.



Quién me iba a decir que algún día vería la fuente en directo.


dijous, 9 de març del 2017

MONTAÑAS, FIORDOS, GLACIARES Y OTRAS TENTACIONES EN NORUEGA


Lo primero que suele hacer un viajero cuando se levanta de la cama es mirar que tal día hace pensando en las futuras fotos que hará si el tiempo lo permite.
El día despertó maravilloso: temperatura 12º y cielo despejado; pero aquí en Noruega ya se sabe: paraguas plegable y vestido "cebolla".


Los que saben una pizca de Geografía, recuerdan que los fiordos son el alma de Noruega.
Los fiordos se parecen a tranquilos lagos azules, pero tienen agua salada. Son brazos prolongados de los mares, que a menudo alcanzan grandes distancias tierra adentro con majestuosos acantilados alzándose a ambos lados del fiordo. Hermosas cascadas caen por las laderas de montaña casi verticales, por encima tuyo.


En esas paredes crecen coníferas y matorrales que llenan de color los reflejos del agua,. Allí algunos hombres fundaron pueblos y levantaron casas. Las granjas estaban sobre asientos tan vertiginosos que los padres tenían que atar a sus hijos y a sus animales con cuerdas a árboles y rocas para que no se precipitaran al vacío.


Desde Alesund donde habíamos pasado, la noche, nuestro viaje siguió a lo largo de la RV60 alejándonos del Océano.
Tras cruzar el Fiordo Storfjord, uno de los más largos e importantes, con 11 kilómetros de longitud, llegamos a Hellesylt donde nos esperaba un nuevo recorrido en ferry, en realidad un crucero a lo largo de todo el Fiordo de Geiranger.



La travesía de 20 km dura algo más de una hora y nos dieron un mapa indicador de las atracciones más conocidas a lo largo del Fiordo. También, en varios idiomas, recibimos información adicional sobre alguna de ellas por los altavoces del barco.
El agua estaba tranquila y por fin podíamos hacer los primeras fotos “Efecto Espejo”. Al cabo de diez minutos la cámara sacaba humo de tanto darle al disparador.


A derecha e izquierda se ven huellas de aludes y desprendimientos y cataratas que siguen cayendo con un ruido ensordecedor por las laderas. Al lado de las empinadas pendientes se ven huellas de la gente que ha vivido y trabajado en las granjas ya desiertas. Aquí las leyendas son numerosas y la historia se hace viva.


Al llegar a Geiranger cogimos un desvío hacia las Curvas del Águila, con once curvas de 180º. Unos veinte minutos nos costó llegar al mejor mirador de todo nuestro viaje por los fiordos noruegos, el mirador Ornesvingen.
Allí pudimos hacer la foto que editan en todos los catálogos de viajes a los fiordos noruegos, no tan bella; pero si más cálida porque estábamos nosotros.
Ver los dos cruceros en el final del fiordo, el pueblo de Geiranger rodeado de altas montañas aún nevadas, algunas cascadas y una ligera neblina, fue una de las imágenes que siempre recordaré de este viaje.


Tras el almuerzo, durante el trayecto a Briksdal, el fiordo Nordfjord también nos dejó unas panorámicas impresionantes.
Al llegar a Stryn para subir hasta el Glaciar de Briksdal, brazo del glaciar Jostedal ( el más grande de Europa), hay un camino de tierra muy agradable y en una hora de caminata subes hasta el mismo pie del glaciar.


Los más valientes subieron caminando, yo fui de las cobardes y me subió un carro eléctrico con capacidad para seis personas y que cuesta 1800 kn.
El Glaciar de Briksdal se encuentra a mitad de camino entre el Fiordo Geiranger y el Fiordo de los Sueños, dos de los fiordos más importantes de Noruega. Por lo tanto la parada en este glaciar es visita obligada.


Estar ante un glaciar una tarde soleada de junio fascinada por el brillo y color del hielo, rodeada de territorio puro, con Joseph ( de los valientes) y con tus mejores amigos, es de cortar la respiración. Aquí se necesitan muchas botellas de oxígeno para volver a la realidad.


Tengo que decir que hay excursiones organizadas con guía para caminar sobre el hielo del glaciar.
También vuelos en helicóptero sobre los fiordos (¼ de hora, € 1120 ). Demasiado caro para nuestros bolsillos.



Llevaré siempre en mi corazón el pueblo de Loden, el lugar donde pasamos la noche. Es un bonito y tranquilo pueblo a orillas de un fiordo. Tiene apenas 150 casas y 400 habitantes. Es el típico lugar en el que podrías pasar días de auténtica desconexión. Lo que más recuerdo de aquel lugar es el silencio.



Allí, en el hotel Loenfjord HTL, nos esperaba una cena con auténtica cocina noruega, y una cama de las que abrazan amorosamente.

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