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dijous, 21 de maig del 2026

Un ramo sobre la mesa ( mi aportación al taller de escritura)




Esta mañana me he levantado más tarde de lo normal y me esperaba una sorpresa muy entrañable. De esos pequeños detalles que llenan el día de cariño sin hacer ruido.

Joseph me había dejado un sencillo ramo verde de hierbas aromáticas en un jarrón, encima de la mesa de la cocina.

Mi rutina de cada mañana es preparar el almuerzo como si fuera a recibir en la mejor mesa a unos invitados queridos: zumo, pan tostado, mantequilla, mermelada casera y mi jamoncito ibérico con aceite de nuestras arbequinas. Después, café caliente y sin azúcar.

El ramo ha presidido la mesa durante todo el desayuno.

—Es mi gesto por tantos detalles que tienes conmigo —me ha dicho.

Y yo he pensado que mi pequeña escapada de hoy, cámara en mano, sería al rincón de las aromáticas.

Después de varios días en los que cada tarde cae un buen chaparrón, las plantas están exultantes. El sol y la lluvia forman una danza maravillosa que lo transforma todo.

La menta, el tomillo, la salvia, la lavanda y la hierba luisa han crecido muchísimo.

Todo listo para llamar a mi hortelano.





Joseph había podado un poco para que las aromáticas no se desmadraran y, al remover la tierra, el aire se ha llenado de perfume.

Entonces he pensado que quizá deberíamos guardar esos aromas en pequeñas bolsitas atadas con un lazo lila —del color de la lavanda— y regalarlas a todas las personas que queremos.

Porque hay afectos que también huelen a hogar.

 

 

 

 


dimecres, 13 de maig del 2026

El limonero que nos acompaña

 


Esta mañana he salido al huerto para recoger un puñado de ajos tiernos que necesitaba para la cocina. Ya os digo que Jubileta no es una gran cocinera.


Lo primero que he pensado al arrancarlos es en ese dicho tan antiguo que asegura que “los ajos quieren ver la cara de quien los planta”. Se dice porque deben plantarse poco profundos, dejando siempre una parte fuera de la tierra.



El ajo tierno no es más que la planta joven del ajo y ahora está en su mejor momento. Además de sabroso, dicen que es depurativo, diurético, antiséptico y antibacteriano. Vamos, un pequeño tesoro de la huerta.

En mi paseo de esta mañana he tenido también la sensación de que el limonero me saludaba. Después de la fuerte lluvia de ayer había dejado limones en el suelo y muchos pétalos blancos esparcidos alrededor.



Son las flores del azahar, que al anochecer desprenden un aroma capaz de despertar todos los sentidos.

Cámara en mano, ya tenía algo que contar: la vida de nuestro limonero.

No recuerdo cuándo lo plantamos porque hace muchos años que forma parte del jardín de nuestro hogar y también, de alguna manera, de nuestra vida.



Pertenece a la familia de los llamados “luneros”, esos limoneros que florecen varias veces al año. A veces tiene flores, frutos pequeños y limones maduros en la misma rama, como si no quisiera detener nunca el paso de las estaciones.

A lo largo de los años ha soportado calor, tormentas, vientos fríos e incluso alguna nevada. Pero también ha vivido hermosas primaveras que devuelven el verde intenso a sus hojas y parecen hacerlo feliz.




En casa nunca faltan los limones. Son buenos aliados contra gripes y resfriados gracias a su vitamina C.





Al volver a la cocina he preparado dos litros de limonada con un poco de azúcar de caña y unas hojas de menta fresca. Siempre hay alguna botella en el frigorífico esperando.

Mientras la hacía he recordado algo que muchas veces tengo presente:

“Si tienes un limón, hazte una limonada… porque mañana no sabes si podrás.”






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