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dilluns, 18 de maig del 2026

En Lerma, un rincón donde la poesía aún respira.


Habíamos salido temprano de Burgos después de tomar un desayuno con "sobao" y un buen café largo. Tomamos rumbo hacia el sur por esas carreteras burgalesas que circulan entre campos de cereal y colinas suaves.


Y aunque ya habíamos visitado otros rincones de Las Merindades en el norte, la escapada de ese día tenía un sabor distinto: Lerma era nuestro objetivo.

Volver a Lerma después de tantos años fue como abrir un libro antiguo y encontrar entre sus páginas una flor seca, de esas que tantas veces ponía a secar.

A medida que te acercas, Lerma impone. Desde lejos ya se adivina la silueta del Palacio Ducal, que parece dominar la llanura como un señor antiguo.

Aparcamos cerca del Arco de la Cárcel, una de las puertas originales de la muralla, y entramos al casco histórico como quien atraviesa el umbral de otro tiempo.

Colegiata de San Pedro


El Arco de la Cárcel aún conserva su aire de fortaleza vigilante. Nada más cruzarlo, me detuve unos segundos para mirar hacia arriba: las fachadas nobles, los balcones de hierro forjado y las piedras que han visto pasar siglos de poder, conspiraciones y visitas reales.


PLAZA MAYOR Y PALACIO DUCAL


Desde allí caminamos sin prisa hacia el corazón del pueblo: la descomunal Plaza Mayor, una de las más grandes de España en su época. Fue diseñada como escenario del poder absoluto del Duque de Lerma, valido del rey Felipe III y uno de los personajes más controvertidos del Siglo de Oro. Lo curioso es que este duque fue más astuto que sabio, y más ambicioso que piadoso, pero logró que todo el pueblo respirara grandeza.

Palacio Ducal, hoy Parador de Turismo


No visitamos el Palacio Ducal, que hoy es un Parador Nacional. Ni visitamos iglesias y conventos que ya conocíamos de una visita anterior hace muchos años.

Fuimos por el Paseo de Zorilla.



EL PASEO DE ZORRILLA


Lo había descubierto por casualidad leyendo un artículo del “Diario de Teruel”, en una tarde cualquiera.



"José Zorrilla, el poeta y dramaturgo español autor de 'Don Juan Tenorio' caminó muchas veces por calles burgalesas, en Lerma. Su padre fue gobernador durante unos años, y el joven Zorrilla pasó en la villa ducal temporadas que lo marcaron profundamente. De hecho, más allá de los monumentos, hay un rincón especial que lleva su nombre: el Paseo de Zorrilla, un mirador que se asoma al valle del Arlanza, sereno y extenso. Dicen que allí, entre el rumor de los chopos y el vuelo de las aves, el poeta se inspiró"

Y no me cuesta imaginarlo. Yo misma me senté en uno de los bancos de piedra del Paseo y sentí ese impulso de escribir, de detener el tiempo.

Luego busqué entre los poemas allí escritos y me detuve ante uno cortito:

(José Zorrilla)

Cuando a mi casa llegáis,
estudiantina querida,
vuelve a sonreír la vida
que se va cuando os vais.

Sois, con vuestras melodías,
cual sol de marzo risueño,
que alegra al viejo su sueño
y al niño sus alegrías.




Allí estaba ese homenaje que dedicó a la Estudiantina Burgalesa, tan breve y tan lleno de luz. Lo leí en voz baja, y enseguida pensé en la Rondalla Puiggraciós donde toca Joseph, mi Jubileto. Y pensé en las guitarras, en las bandurrias, los laudes y la mandolina que suenan con ese timbre alegre que parece sacudir hasta los más dormidos.

Porque desde hace muchos años, esa música de rondalla forma parte de mi vida. Y sé lo que ocurre cuando suenan las guitarras, las bandurrias, cuando las notas se alzan entre cuerdas y compases. He visto cómo esa música tan nuestra, tan cercana, enciende sonrisas, calma nostalgias, y hasta espanta las penas que uno no sabía que tenía.


Zorrilla lo sabía también. Por eso escribió ese poema.

Mientras caminaba por el Paseo de Zorrilla, me di cuenta de que ese poema no hablaba solo de la estudiantina de su época. Hablaba también de nosotros. De quienes encontramos, en las cuerdas de un instrumento tocado con cariño, una ilusión, un consuelo, una esperanza, una sonrisa.




PARA QUIEN LLEGUE POR PRIMERA VEZ A LERMA


Aunque esta vez mi paso por Lerma fue más íntimo y poético, no puedo dejar de mencionar algunos lugares que todo viajero debería conocer si visita esta villa por primera vez.

1. Arco de la Cárcel – entrada principal al casco antiguo.

2. Plaza Mayor – monumental, centro de la vida de la villa.

3. Palacio Ducal -(Parador Nacional) – se puede visitar parcialmente.

4. Colegiata de San Pedro – iglesia barroca impresionante.

5. Paseo de Zorrilla – mirador con historia y vistas.

6. Convento de San Blas – taller artesanal.

7. Monasterio de Santa Teresa – aún en uso, con visitas ocasionales.

8. Tumba del Cura Merino –  sacerdote y líder guerrillero español durante la Guerra de la Independencia Española.

9. Pasadizos y calles medievales - perfectos para perderse sin prisa.

Colegiata de San Pedro
Convento de Santa Clara

Tumba del Cura Merino

Paseo de los Arcos


Ya los conocía, por eso esta vez preferí caminar más despacio, seguir la voz de un poema y dejar que una melodía interna me guiara. Mucha información en Turismo Arlanza


Por la tarde volvimos al Paseo. Me imaginé al joven Zorrilla, escapando de la rigidez de su padre, soñando con versos de amor y muerte, con donjuanes y fantasmas.

Si alguna vez visitas Lerma, no pases de largo este pequeño paseo entre sombras de cipreses y versos inmortales. A veces, los viajes más hondos no se hacen por carretera… sino por las palabras que nos tocan por dentro.




 El Paseo de Zorrilla se encuentra muy cerca del casco histórico de Lerma. Es un lugar breve pero lleno de alma. Ideal para una parada tranquila, una lectura, o —quién sabe— para que la música vuelva a sonarte por dentro.


dijous, 31 de juliol del 2025

TIERRAS REGADAS POR EL RÍO ARLANZA: UN VIAJE AL CORAZÓN DE CASTILLA

 


Siempre he pensado que hay lugares que no necesitan muchas palabras bonitas para enamorar. Basta que tengan un valle hermoso, un río que lo recorra con paciencia y unos pueblos de casas de piedra que parezcan detenidos en el tiempo. Esto es amor a primera vista para este par de Jubiletos que somos nosotros.

Así es la comarca del Arlanza, en el sur de la provincia de Burgos. Un territorio que huele a sabina, a pan de horno de leña y a historia antigua.


Comenzamos ruta en Lerma, la villa ducal que se alza sobre el río como si aún esperara el regreso del famoso Duque de Lerma.

Sus soportales castellanos, el palacio convertido hoy en parador y la plaza mayor —una de las más grandes de España— nos dieron la bienvenida bajo un cielo de mayo que parecía pintado a mano.

Plaza Mayor de Lerma

Callejuelas castellanas

Paseo de Zorrilla




Desde allí, el río Arlanza nos sirvió de guía natural, deslizándose entre campos de cereal y bosques de sabina, encina y rebollos.

Río Arlanza en Lerma  (Imagen del Correo de Burgos)




De pronto, Covarrubias apareció a la vuelta de una curva, escondida como un secreto bien guardado. Algunos la llaman "la cuna de Castilla" y no es para menos porque tiene calles empedradas, casas con entramado de madera y una colegiata donde descansa una princesa vikinga; eso cuentan las leyendas.

Calles empedradas de Covarrubias

Casas con entramado de madera

Rincones muy fotogénicos





Después vendría el Monasterio de San Pedro de Arlanza.

Desde Covarrubias se toma un desvío que parece perderse entre encinas y peñascos. La carretera serpentea entre las laderas del cañón del Arlanza, Y entonces, entre la vegetación y el rumor del río, surgen las ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza.´

San Pedro de Arlanza

Reconstrucción del Monasterio de San Pedro de Arlanza


No sabría decir si fue el silencio del lugar, el olor a tierra seca o la luz de la tarde, pero algo en aquellas piedras me conmovió.

Fundado en el año 912, este monasterio fue uno de los grandes cenobios del románico castellano, y aunque el tiempo le haya robado tejados y muros, aún conserva una grandeza melancólica. Caminamos entre los arcos rotos, los capiteles erosionados y los cipreses que crecen donde antes hubo oración.

El río fluía a unos metros como si llevara siglos observando los pocos visitantes que llegaban.



Seguimos ruta rumbo a Santo Domingo de Silos con el fondo de la sierra de las Mamblas.

Silos es uno de esos lugares que parecen respirarse más que verse. A medida que nos acercábamos, el aire se hacía más fresco, más limpio, como si el entorno supiera que me aproximaba a un espacio sagrado.

Entramos al monasterio justo a tiempo para asistir a una de las tantas visitas que allí se hacen.

Recomendable hacerla, el claustro, por sí solo, ya justifica la entrada: columnas dobles, capiteles tallados con escenas bíblicas y vegetales, y ese silencio que lo envuelve todo, denso y puro.

Plaza Mayor de Silos

Monasterio de Santo Domingo de Silos

Claustro de Santo Domingo de Silos




Ruta recomendada:

📍 Lerma → 📍 Covarrubias → 📍 Monasterio de San Pedro de Arlanza → 📍 Santo Domingo de Silos
  •  Distancia total: ~55 km
  •  Tiempo estimado en coche: ~1h 15min (sin contar paradas)
  •  Ideal para hacer en 1 o 2 días, con caminatas tranquilas en cada lugar.


Paseos recomendados:

Lerma :
Ruta del patrimonio ducal: Recorrido a pie por la Plaza Mayor, el Palacio Ducal, el Paseo de Zorrilla, los conventos y miradores sobre el Arlanza.
Duración: 1–2 horas

Covarrubias :

Paseo del río y murallas medievales: Camina junto al río Arlanza y descubre los restos de la muralla.
Subida a la ermita de San Olav: Buenas vistas y muy fotogénico.


San Pedro de Arlanza (sendero natural):

Senda del monasterio al mirador del Pico Valdosa:
Ruta corta (4,5 km ida y vuelta) que parte desde el monasterio y ofrece vistas espectaculares del cañón del Arlanza.


Silos (cultural y naturaleza):

Visita al monasterio. 
Paseo por el desfiladero de La Yecla:
El paso estrecho entre rocas, con pasarelas sobre el arroyo del Cauce, es un imprescindible.



Esa noche dormimos en una pequeña hospedería, donde nos sirvieron una sopa castellana y una buena cuajada de oveja.

Mientras cenaba, pensé en lo que había dejado atrás: Lerma, Covarrubias, Arlanza… Y también en lo que el río me había enseñado. Que no hace falta ir lejos para encontrar belleza. Que a veces basta con seguir el curso tranquilo de un río y dejarse llevar.


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