
Después
de tres días visitando
la ciudad de Burdeos,
llegó el momento de alejarnos un poco y
descubrir otros
lugares cercanos. Decidimos
pasar
una
jornada
en
la bahía de Arcachón.
A tan solo una hora de furgo, (también
hay
una buena combinación de transporte público desde Burdeos),
se
llega a esa
zona que
es
un paraje natural único en el mundo y
que
atrae cada año a miles de visitantes. Este lugar es famoso por las
playas de arenas finas, por los pequeños puertos de cultivo de
ostras, por los bosques de pinos y por
la
famosa Duna de Pilat,

Cruzamos
la zona de Teste de Buch y llegamos a Arcachon
que
está en la punta de un cabo que se adentra en la bahía. Allí
un largo brazo de tierra protege la bahía del océano Atlántico y
crea un entorno tranquilo para todo tipo de actividades náuticas.
Además
de atraer a los veraneantes que buscan la playa y el mar, también
atrae
a visitantes
a los que les gusta la arquitectura Belle Époque Arcachón se puso
de moda en el s XIX como ciudad balneario, de
ahí las estilosas “villes” que encontramos.
Más
tarde fuimos hasta uno de los grandes atractivos de la zona: la Duna
de Pilat.
La
gran Duna de Pilat
La
Duna
de Pilat es
para la bahía
de Arcachon lo
que la Sagrada
Familia es
para Barcelona,
¡una
experiencia inolvidable!
¿103?
¿105? ¿O quizás 118 metros de alto? ¡Qué le importa a la duna un
metro más o menos! Los paneles informativos anotaban 109 metros de
alto, 2.700 metros de largo, 500 metros de ancho y 60 millones de
metros cúbicos de arena.
Lo
primero que se me ocurrió pensar es en cómo se mide todo esto si la
duna es hija del viento y de la arena y se mueve, sube, retrocede y
siempre está cambiante. La duna de Pilat es una maravilla de la naturaleza.
En
coche se puede llegar hasta la base y hay un aparcamiento habilitado
en la zona norte. Desde allí es absolutamente necesario subir a la
cima y a pie, no hay otra elección.
Para subirla, en verano, condicionan una escalera de 160 peldaños al más puro estilo “escalinatas tibetanas”, que te lleva a la cima pasito a pasito.
Una
vez arriba, la sensación es única. El paisaje perfecto: cielo,
arena, mar y pinos. Los cielos sobre la duna son increíbles y el
panorama de 360º sobre la Bahía de Arcachon te deja sin palabras.
Toda
la información en https://www.dunedupilat.com/es/
Riberas
de puro placer
La
verdad es que fuimos afortunados y la buena climatología nos
acompañó en todo el paseo por las tranquilas playas de Pyla, a
orillas de la bahía. Son playas oceánicas donde rompen las olas
atlánticas y están protegidas del viento por el bosque. Pasamos por
puertos pequeños donde descansan barcas que van y vienen con
sabrosos cargamentos y vimos coloridas cabañas de ostricultores.
Las
ostras de Arcachon son reconocidas en todo el mundo porque desprenden
todos los
sabores de espuma de mar. Crudas, cocidas o con
un chorrito de limón, las ostras se comen en cualquier momento del
día: por la mañana, como aperitivo o en la comida. En la boca tan
pronto resultan suaves y carnosas, como potentes y salvajes.
(Un secreto: a mi no me gustan, yo como mejillones)
Los
ostricultores te invitan al puro placer de probar sus ostras en la
auténtica cabaña ostrícola. En su lugar de trabajo y en un
ambiente distendido, estos “campesinos del mar”, como se les
llama por allí, venden ostras, si prefieres llevártelas a casa, o
hacen degustaciones si las comes in situ.
Tradicionalmente en las bodegas se comen acompañadas de crepinettes que son unas pequeñas salchichas planas.
Almorzamos
en Pyla-sur-Mer.

Luego
nos hizo ilusión llegar hasta el estuario de la Gironda donde vierte
sus aguas el río Garonne, un viejo conocido por la de veces que se
nos ha cruzado a lo largo de nuestra vida viajera.
¿La
Garonne? ¿el Garona? un viejo amigo
Una
rápida biografía del río Garona podría empezar en sus cabeceras,
en la Vall d'Aran, en el Pirineo catalán, a una altura de 1.800
metros sobre el nivel del mar,en
la sima ubicada en el Pla de Beret de nombre Uelh deth Garona.
Hay
quien propone otros lugares distintos como el verdadero nacimiento:
el circo Ratera-Saboredo, o las laderas del Pico Aneto en Forau de
Aigualluts.
Lo
cierto es que el río Garona circula luego por la Vall d'Aran camino
de Francia.
En
todos estos lugares hemos disfrutado de la alegría que tienen sus
aguas jóvenes, rápidas, frescas y juguetonas. Recuerdo
cuando mis hijos pequeños metían lo pies en el agua y competían en
ver quien aguantaba más,
De
todos estos encuentros podría escribir una anécdota. Lugares como
Arties, Viella, Bossost, Les o Las Bordas siempre estarán en mi
corazón.
Nuestro
Garona se nos hace
francés y nos lo reencontramos en Saint-Gaudens, en Muret, en Tarn y
en Agen.También
lo vimos en Toulouse y Agen. Y,
más tarde en Burdeos.
A lo largo de su
curso, al río Garona se le unen otros grandes ríos: el Ariège, el
Tarn y el Lot, todos amigos.
Justo después de
Burdeos, se encuentra con la Dordogne en el Bec d’Ambès, formando
el estuario de la Gironde, que después de aproximadamente 100
kilómetros desemboca en el Océano Atlántico.
Desde Arcachon, dirección norte, cruzamos territorio Médoc y tuvimos la oportunidad de ver muchos viñedos y, sobre todo, algunos castillos, pero los dejamos para otra ocasión.
Aprovechamos
para cenar
en un
restaurante en
Soulac sur Mer
muy cerca de la desembocadura.
Y después volvimos
tranquilamente hacia el hotel en
Burdeos contentos con la sensación de haber terminado un círculo.