Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Aquitania. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Aquitania. Mostrar tots els missatges

dijous, 1 d’octubre del 2020

BOURDEAUX LA CAPITAL DE NUEVA AQUITANIA

 




Recuerdo perfectamente el lugar y la conversación que teníamos mientras catábamos nuestro vino joven. 
- ¿Qué tal ?
- No es un Burdeos, pero se deja querer.
- En Burdeos también hay de todo, bueno y malo, como aquí.
- Esto habría que comprobarlo in situ. 

Nunca nos lo pensamos dos veces a la hora de decidir una escapada y, más, si no conocemos el lugar. Cerca de 600 km separan Barcelona de Burdeos y, una vez visitáramos la ciudad seguiríamos ruta por el norte de Aquitania, en concreto el departamento de Gironde y el de Dordogne. (El resto de Aquitania ya la conocíamos de otras escapadas) 

1r objetivo: Bourdeaux para catar sus sabrosos y reconocidísimos vinos. 

2n objetivo: recorrer los departamentos de Gironde y Dordogne. 


Bourdeaux

Una pincelada de conocimientos no viene mal


Nouvelle-Aquitaine (en occitano, Nòva Aquitània; en euskera, Akitania Berria) es una de las trece regiones que, junto con los territorios de ultramar, conforman la República Francesa. Su capital y ciudad más poblada es Bourdeaux (Burdeos

Bourdeaux es la sexta ciudad más importante de Francia. Situada en el sudoeste del país, frente a la costa atlántica, y está considerada una de las ciudades portuarias más importantes de Francia. Toda la región es conocida desde el siglo XVIII por la gran calidad de sus vinos. 

Está colocadita en un meandro del Garona, muy cerca de la desembocadura de este río en el Atlántico. El puerto fluvial de la ciudad, llamado “el puerto de la luna” por su forma curva, ha sido clave para el progreso de la urbe desde tiempos antiguos. 




Bourdeaux ha evolucionado y se ha reinventado en los últimos siglos sin interferir con los monumentos del pasado. En 2017 fue premiada con su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en reconocimiento a su valor patrimonial y la unidad ejemplar que tiene en la armonía de su arquitectura clásica y neoclásica. 

Esta metrópoli se puede visitar en bicicleta, barco, sidecar, minitren, autobús o simplemente a pie. Nuestra opción primera casi siempre es callejear pasito a pasito. 



¿Listos para una visita?


Llevaba en mi libreta viajera mucha información de los barrios que se pueden visitar en Bourdeaux, todos pequeños y céntricos. Lo saqué de un artículo de viajes de Descubremagazine, y llevábamos la idea de recorrerlos para no perder detalle y por las muchas recomendaciones que hace.


 
Luego, in situ, nos adentramos por las callejuelas empedradas del casco antiguo y olvidamos en qué barrio estábamos. Empezamos a alucinar con las típicas casas francesas del s. XVIII, que son de piedra gris y tienen balcones estrechos y barandillas de hierro forjado. Los tejados todos de pizarra gris. La gran mayoría de estas calles son peatonales y todo el casco antiguo se restauró entre los años setenta y ochenta. 


Aquí están nuestros souvenirs favoritos: 



Pont de Pierre


La Porte Cailhau 
 
Puerta de Bourgogne

la Grosse Cloche


Place de la Bourse

Place de la Bourse

 
Catedral de Saint André 


Catedral de Saint André 


Al fondo Iglesia de Nôtre-Dame y su preciosa " flèche" 


La torre de la Catedral



Gran Teatro de Bourdeaux


Estatua de oro de Virgen en la torre de la Catedral


Una jornada en el Barrio de Chartrons 



Una de los lugares que también me gustaron fue la zona de los alrededores del mercado des Chartrons. Chartrons es un tranquilo barrio con vida propia y tiendas con encanto que me recordaron el barrio de Gràcia en Barcelona, el barrio donde yo nací. 

Centro Comercial de los Grandes Hombres


El mercado de abastos está abierto todos los días excepto el domingo. Pero los domingos se puede encontrar otro mercado al aire libre. Unos sesenta puestos se montan a lo largo del muelle. Fue una suerte visitarlo porque pudimos saborear, probar y disfrutar de las especialidades de Burdeos. Muchos productos no se pueden encontrar en ningún otro lugar. 




Paseamos también por dos calles que las recomendaciones daban como imprescindibles: la Rue Notre-Dame y la Rue Saint-Jaimes. Allí se encuentran  galerías de arte y tiendas de antigüedades.

Pero si os gusta el diseño más vanguardista hay que visitar una tienda "Do You Speak Français", con sólo productos Made in France. Los artículos que se venden llevan en la etiqueta la distancia a la que se fabricó el articulo. Eso significa que le dan el apoyo a jóvenes diseñadores. 



"Do you Speak Français"





Se puede hacer un alto en el paseo y tomar un café acompañado por un “canalé”, dulce típico hecho con huevos, leche y sabor vainilla.O, si os sorprende la hora del almuerzo hay restaurantes pequeños y coquetos. 

 Canalons de Bourdeaux


En Les Chartrons encuentras también huertos urbanos y un muro de graffiti con mucho colorido que dan vida a paredes desgastadas. 


Les Chartrons, grafitti




UNA JORNADA EN LA BAHÍA DE ARCACHON

 


Después de tres días visitando la ciudad de Burdeos, llegó el momento de alejarnos un poco y descubrir otros lugares cercanos.  Decidimos pasar una jornada en la bahía de Arcachón.


A tan solo una hora de furgo, (también hay una buena combinación de transporte público desde Burdeos), se llega a esa zona que es un paraje natural único en el mundo y que atrae cada año a miles de visitantes. Este lugar es famoso por las playas de arenas finas, por los pequeños puertos de cultivo de ostras, por los bosques de pinos y por la famosa Duna de Pilat, 



Cruzamos la zona de Teste de Buch y llegamos a Arcachon que está en la punta de un cabo que se adentra en la bahía. Allí un largo brazo de tierra protege la bahía del océano Atlántico y crea un entorno tranquilo para todo tipo de actividades náuticas. Además de atraer a los veraneantes que buscan la playa y el mar, también atrae a visitantes a los que les gusta la arquitectura Belle Époque Arcachón se puso de moda en el s XIX como ciudad balneario, de ahí las estilosas “villes” que encontramos.


Más tarde fuimos hasta uno de los grandes atractivos de la zona: lDuna de Pilat.



La gran Duna de Pilat


La Duna de Pilat es para la bahía de Arcachon lo que la Sagrada Familia es para Barcelona, ¡una experiencia inolvidable!

¿103? ¿105? ¿O quizás 118 metros de alto? ¡Qué le importa a la duna un metro más o menos! Los paneles informativos anotaban 109 metros de alto, 2.700 metros de largo, 500 metros de ancho y 60 millones de metros cúbicos de arena.

 





Lo primero que se me ocurrió pensar es en cómo se mide todo esto si la duna es hija del viento y de la arena y se mueve, sube, retrocede y siempre está cambiante. La duna de Pilat es una maravilla de la naturaleza.


En coche se puede llegar hasta la base y hay un aparcamiento habilitado en la zona norte. Desde allí es absolutamente necesario subir a la cima y a pie, no hay otra elección.

Para subirla, en verano, condicionan una escalera de 160 peldaños al más puro estilo “escalinatas tibetanas”, que te lleva a la cima pasito a pasito.

Una vez arriba, la sensación es única. El paisaje perfecto: cielo, arena, mar y pinos. Los cielos sobre la duna son increíbles y el panorama de 360º sobre la Bahía de Arcachon te deja sin palabras.


Toda la información en https://www.dunedupilat.com/es/




Riberas de puro placer

La verdad es que fuimos afortunados y la buena climatología nos acompañó en todo el paseo por las tranquilas playas de Pyla, a orillas de la bahía. Son playas oceánicas donde rompen las olas atlánticas y están protegidas del viento por el bosque. Pasamos por puertos pequeños donde descansan barcas que van y vienen con sabrosos cargamentos y vimos coloridas cabañas de ostricultores.



Las ostras de Arcachon son reconocidas en todo el mundo porque desprenden todos los sabores de espuma de mar. Crudas, cocidas o con un chorrito de limón, las ostras se comen en cualquier momento del día: por la mañana, como aperitivo o en la comida. En la boca tan pronto resultan suaves y carnosas, como potentes y salvajes. (Un secreto: a mi no me gustan, yo como mejillones)





Los ostricultores te invitan al puro placer de probar sus ostras en la auténtica cabaña ostrícola. En su lugar de trabajo y en un ambiente distendido, estos “campesinos del mar”, como se les llama por allí, venden ostras, si prefieres llevártelas a casa, o hacen degustaciones si las comes in situ.

Tradicionalmente en las bodegas se comen acompañadas de crepinettes que son unas pequeñas salchichas planas.


Almorzamos en Pyla-sur-Mer.

Luego nos hizo ilusión llegar hasta el estuario de la Gironda donde vierte sus aguas el río Garonne, un viejo conocido por la de veces que se nos ha cruzado a lo largo de nuestra vida viajera.





¿La Garonne? ¿el Garona? un viejo amigo


Una rápida biografía del río Garona podría empezar en sus cabeceras, en la Vall d'Aran, en el Pirineo catalán, a una altura de 1.800 metros sobre el nivel del mar,en la sima ubicada en el Pla de Beret de nombre Uelh deth Garona.

Hay quien propone otros lugares distintos como el verdadero nacimiento: el circo Ratera-Saboredo, o las laderas del Pico Aneto en Forau de Aigualluts.




Lo cierto es que el río Garona circula luego por la Vall d'Aran camino de Francia.

En todos estos lugares hemos disfrutado de la alegría que tienen sus aguas jóvenes, rápidas, frescas y juguetonas. Recuerdo cuando mis hijos pequeños metían lo pies en el agua y competían en ver quien aguantaba más,

De todos estos encuentros podría escribir una anécdota. Lugares como Arties, Viella, Bossost, Les o Las Bordas siempre estarán en mi corazón.




Nuestro Garona se nos hace francés y nos lo reencontramos en Saint-Gaudens, en Muret, en Tarn y en Agen.También lo vimos en Toulouse y Agen. Y, más tarde en Burdeos.

A lo largo de su curso, al río Garona se le unen otros grandes ríos: el Ariège, el Tarn y el Lot, todos amigos.

Justo después de Burdeos, se encuentra con la Dordogne en el Bec d’Ambès, formando el estuario de la Gironde, que después de aproximadamente 100 kilómetros desemboca en el Océano Atlántico.

Desde Arcachon, dirección norte, cruzamos territorio Médoc y tuvimos la oportunidad de ver muchos viñedos y, sobre todo, algunos castillos, pero los dejamos para otra ocasión.

 

Aprovechamos para cenar en un restaurante en Soulac sur Mer muy cerca de la desembocadura. Y después volvimos tranquilamente hacia el hotel en Burdeos contentos con la sensación de haber terminado un círculo.





DE BURDEOS A SAINT - EMILION




Toda la zona norte de Nueva Aquitania es un viñedo, dicen que es el viñedo de vinos finos más grande del mundo. Y nosotros estamos siempre felices entre viñedos, como pez en el agua, ¡es nuestro tema favorito! 


Salimos temprano de Burdeos deseosos de adentrarnos en estas tierras llamadas el Grand Saint-Emilionnais. 


El Grand Saint-Emilionnais es la región histórica que creció alrededor de la población y que dispone de casi 8000 hectáreas, de las que 5400 están cultivadas por vides que pertenecen a 820 productores y que se distribuyen en 8 municipios, de los que Saint Emilion es solo el más conocido. 

Las orillas de la Dordogne, las terrazas plantadas de cepas, las mesetas de piedra caliza con suaves reflejos de color ocre y los variados paisajes que veíamos desde la carretera, no nos dejaron de sorprender en todo el trayecto. 




La leyenda de Emilion 


En el siglo VIII, un hombre llamado Emilion, natural de Vannes, en la región de Bretaña, y famoso por sus milagros, decidió abandonar su tierra natal para retirarse y dedicarse a la oración. Se hizo monje y luego se trasladó a Ascumbas, antiguo nombre de la ciudad de Saint-Emilion. 

Allí excavó una ermita y consagró su vida a Dios. 

Acompañado por algunos discípulos benedictinos, fundó la primera comunidad religiosa para evangelizar a la población; creando así una gran ciudad monástica a la que los fieles dieron su nombre. 


Varias comunidades religiosas han vivido durante siglos en el pueblo, atraídos por el culto a Émilion como lo demuestran los numerosos monasterios, conventos e iglesias aún visibles Por lo tanto, entre el siglo VIII y el siglo XVIII, los benedictinos, franciscanos, agustinos, dominicos y hermanas Ursulinas coexistieron o se fueron sucediendo en el corazón de la ciudad. (Del folleto turístico) 




Una joya de piedras... 



¿Cuál de las siete puertas que franqueaba Saint Emilion atravesamos? No recuerdo, pero sí recuerdo la hermosa estampa que vi nada más llegar. 

La ciudad se organiza a modo de anfiteatro, de teatro griego. Las casas se disponen en graderío y el escenario está reservado para el protagonista de la obra: el viñedo. 

Buscando la Oficina de Turismo subimos por calles adoquinadas, esas que tanto nos gustan y descubrimos numerosos talleres de artesanos elaborando objetos de decoración, ropa y alfarería. 





Desde la Oficina de Turismo que está muy bien surtida de información, salen dos visitas guiadas muy interesantes: una completa a la ciudad por calles pintorescas, en superficie, y otra a los monumentos subterráneos bajo tierra. 

Me impresionó leer que hay una iglesia monolítica única en el mundo y más de 70 hectáreas de galerías subterráneas excavadas en la roca calcárea. Por eso hicimos la visita guiada a los monumentos subterráneos. 





Bajo tierra (Visita guiada) 

No se permite fotografiar durante la visita de los monumentos subterráneos 

Mereció la pena contratar esta visita porque es la única manera de conocer el enorme patrimonio subterráneo. 

Vimos la Cueva del monje Emilion, la Capilla de la Trinidad que hay encima y la Iglesia Monolítica subterránea. 

Las famosas Catacumbas de Saint-Emilion están incluidas en la visita. En el siglo XV aquí era donde se enterraban a los religiosos y a los niños. 







Callejeando por les “tertres” 


El pueblo es pequeño y lo más agradable es ir deambulando por sus calles, probando algún vino que te ofrecen, mirar las tiendas de objetos de artesanía y caminar contemplando el paisaje. En esta zona se les denomina “tertres” a estos callejones estrechos, empedrados y en cuesta. 

Durante el medioevo, la zona alta de la ciudad estaba reservada a las clases más acomodadas, mientras que en la parte baja habitaba el pueblo llano. 

Desde la terraza de la plaza de la Iglesia Monolítica se pueden ver increíbles panorámicas de la villa, de la torre del Rey, del Claustro de los Cordeliers y de los campos de viñas de la región. 





Sobre la Iglesia Monolítica se construyó un campanario enorme que sirve de guía o faro si te pierdes porque lo verás estés donde estés. 

Si subes los 200 escalones de caracol hasta la cumbre podrás disfrutar de una impresionante panorámica de los viñedos. 

Otro de los lugares para disfrutar y fotografiar vistas hermosas después de subir 120 escalones, es La Torre del Rey que es una torre maciza del siglo XIII. Esta edificación, que también se puede ver desde cualquier parte del pueblo, está llena de misterio, no se sabe si se mandó construir como símbolo de poder. A día de hoy no se sabe muy bien la función que tenía. 



La plaza de la Iglesia Monolítica es uno de los lugares con más encanto de Saint-Emilion. Descansamos de la jornada matutina comiendo en un restaurante cercano y es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de nuestra visita a Saint-Emilion. 



Iniciamos el recorrido de la tarde visitando la Iglesia Colegiata, su órgano y el Claustro. Esta colegiata fue construida entre los siglos XII y XV y es una de las más importantes de la zona. Albergaba el colegio de canónigos agustinos que fue un monasterio hasta el final de la revolución francesa. 






Pasamos también al Claustro de los Franciscanos, (Claustro de los Cordeliers) su agradable jardín y fábrica de vino espumoso. 

Terminamos la visita fotografiándonos en las Grandes Murailles. Estas murallas son los restos de un Convento Dominico construido en el siglo XIII y destruído en la Guerra de los Cien Años, entre franceses e ingleses. 


No podéis iros de la zona sin conocer alguno de los 115 Chateaux. Hay que preguntar en la Oficina de Turismo cual es el “castillo del día” ya que podrás visitarlo de manera gratuita. 


Lo que de verdad nos hubiera gustado disfrutar, en este lugar, del amanecer y del atardecer sin prisas, pero nuestra ruta debía seguir. 


POTSER ET POT INTERESAR